La tragedia vuelve a cebarse con el Ejército del Aire cuando no se ha cumplido ni un mes de la muerte en accidente del comandante Francisco Marín con su reactor C-101.

De nuevo, la Academia General del Aire de San Javier, en Murcia, se ha visto sacudida con la muerte del comandante instructor Daniel Melero Ordóñez, de 50 años, y la cadete alumno Rosa María Almirón Otero, de tan solo 20.

Ambos han fallecido cuando su avioneta de instrucción T-35 "Tamiz" se ha precipitado este miércoles al Mar Menor, justo frente al Club Náutico de Santiago de la Ribera y a escasos 100 metros de la playa.

Cadena de acontecimientos

La cronología de los hechos nos remonta a poco antes del mediodía de este 19 de septiembre, cuando el instructor y su alumna se subían a su avión "Tamiz" para realizar un ejercicio continuado de tomas y despegues.

Es decir, que el avión despega, realiza tan solo un par de órbitas en torno a la base, aterriza y, acto seguido, vuelve a despegar para aterrizar de nuevo tras una serie breve de circuitos. Luego despega y aterriza nuevamente una tercera vez.

Con este ejercicio se pretende generar una costumbre natural de despegue y aterrizaje en los alumnos para que los procedimientos de estas maniobras se realicen mecánicamente, de manera automática y sin alteraciones.

Ha sido al realizar el tercer intento de aterrizaje cuando el comandante instructor ha avisado a la torre de control de "un fallo de motor".

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En ese momento, el instructor habría intentado mantener el avión controlado para, planeando, tratar de realizar un aterrizaje o un amerizaje de emergencia en la laguna. Pero la falta de sustentación habría impedido la maniobra. Al carecer el "Tamiz" de asientos eyectores, los tripulantes no habrían podido saltar y, según los testigos, el avión se estrellaba en picado cerca de las 12 horas del mediodía.

En ese instante, los teléfonos de emergencia del 112 empezaban a echar humo ante las llamadas de alarma de los ciudadanos presentes en la zona.

Impacto institucional

La noticia dejaba estupefactas a autoridades civiles y militares y, especialmente, a la ministra Margarita Robles, a la que el acontecimiento sorprendía en la madrileña Base de El Goloso, donde había ido a supervisar unas obras de mejora en las instalaciones que incluían la construcción de una guardería para 84 alumnos, mejoras en las cocinas, gimnasio y residencia de la tropa, así como instalación de wifi en las zonas de vida de la base.

Pero, repentinamente, todas estas noticias positivas quedaban anuladas por la tragedia del accidente de Murcia y la pérdida de alumna e instructor.

Hasta la propia ministra de Defensa pedía paciencia a los periodistas presentes en el acto de El Goloso para poder recopilar los datos existentes antes de entrevistarse con ellos.

Reunida ya con la prensa, Robles destacaba que el avión había volado el día anterior y pasado las respectivas revisiones mecánicas y que de nuevo voló el mismo día 19 a primera hora de la mañana sin novedad, habiendo superado la pertinente inspección posterior. Ha sido en la tercera misión de vuelo cuando ha tenido lugar el accidente, aparentemente por ese fallo de motor.

A preguntas de un informador sobre cómo afectaba este accidente y los anteriores sucesos a la moral de las FAS, Margarita Robles respondía que "las Fuerzas Armadas siempre tienen la moral muy alta, entra dentro de su profesión.

Pero, en cualquier caso, es muchísimo dolor. Es tremendo".

Dolor que ha sido compartido en Twitter por instituciones y líderes políticos. Incluso el mismo presidente de la Región de Murcia, Fernando López Miras, se ha trasladado al punto del siniestro, pues casualmente se encontraba por la zona revisando los daños causados por la gota fría que ha azotado recientemente su comunidad y el resto de regiones del Levante.

Nuevo siniestro, nuevas incógnitas

La localización del accidente tan cerca de la costa ha permitido la rápida recuperación de los restos mortales de ambos fallecidos y también la recuperación del aparato la misma noche del suceso mediante flotadores, para la posterior investigación.

Lo cierto es que esta concatenación de accidentes, aparentemente por causas mecánicas, ponen de nuevo el acento en la necesidad de renovación de los aviones de enseñanza aérea españoles. Los C-101, con cuarenta años de servicio, serán dados de baja en septiembre de 2021 sin que, debido a la volatilidad política y la inexistencia de Gobiernos estables, se haya dictaminado fehacientemente su relevo. No obstante, los planes para su renovación ya están aprobados.

El avión accidentado ahora, el T-35 "Tamiz" de enseñanza básica, se halla también al borde de su retirada, pues entró en servicio en 1987 y su sustitución se contempla para 2025, cuando sería reemplazado por un diseño turbohélice comodín, como el T-6 americano o el PC-7 suizo, que realizaría la función doble de enseñanza básica y enseñanza aérea avanzada, según los planes de instrucción de la OTAN.

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