Los cazas de quinta generación F-35 son considerados como los más modernos y avanzados del mundo. La llegada de dos unidades para participar en el curso Tactical Leadership Program (TLP) que la OTAN desarrolla en la albaceteña Base de Los Llanos para adiestrar a sus mejores pilotos, supone un verdadero espaldarazo al programa, pues significa trabajar con el material aéreo más avanzado en servicio.

También ha servido para adecuar las instalaciones de la propia base y hasta incluso el mismo curso TLP al futuro.

Un futuro que, según los estrategas, consistirá en el trabajo conjunto entre aviones de quinta generación y los de cuarta generación ahora en servicio.

Generaciones de cazas

El concepto de "generaciones" en aviones de combate se basa en la idea de que los primeros reactores de guerra que aparecieron a finales de la Segunda Guerra Mundial y después aquellos empleados en los años 50, especialmente en la Guerra de Corea, constituyen la primera generación de cazas a reacción. Se trata de modelos como el Me-262, el F-86 o el MIG-15.

Los que fueron desarrollados en los años 60 y participaron en conflictos hasta entrados los años 70 son la segunda generación: cazas como el Mirage, el Phantom o el MIG-21 entran en esta clasificación. Los desarrollados en los años 70 y usados en los años 80 y 90 serían de tercera generación, y entre ellos se pueden citar aviones tales como el F-16, F-15, F-18, Mirage 2000 o el MIG-29.

Los que entraron en servicio ya pasado el siglo XX se consideran la cuarta generación: Eurofighter o Rafale son los más obvios.

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Por último, aquellos que están empezando a emplearse tras la primera década del siglo XXI y disponen de capacidades furtivas de elusión al radar son la quinta generación, como los F-22 y F-35 americanos, el SU-50 ruso o el J-20 de China.

Ahora bien, esta distinción es muy ambigua, pues cazas de la tercera generación han pasado por mejoras y actualizaciones de primer nivel que les han puesto a la altura de los aviones de cuarta generación.

El F-18 empleado por España es un ejemplo obvio de estas reformas. Además, en la cuarta generación hay aviones más avanzados que otros, con lo que el cuadro común es que las fuerzas aéreas del presente estén dotadas de una mezcla de aviones de cuarta y quinta generación operando conjuntamente.

Ventaja tecnológica

No obstante, las ventajas de la última generación son evidentes sobre la anterior: invisibilidad al radar, detección de enemigos mejorada, despegue vertical, precisión en el ataque o su poder de combatir a multitud de blancos a la vez.

Traducido a un lenguaje sencillo, un F-35 puede detectar a otros aviones sin ser detectado y derribarlos a distancia sin que estos sepan por dónde son atacados.

De hecho, los pilotos advierten de que la única oportunidad de éxito de un caza de cuarta generación contra un F-35 es que logre enzarzarse en un combate cerrado, donde la tecnología pasa a segundo plano y se depende más de la capacidad del piloto, potencia del aparato y de la maniobrabilidad probada de los cazas de esta generación anterior.

Pero hay un factor estratégico añadido. El coste actual de un avión de quinta generación es tan prohibitivo -un F-35 cuesta 120 millones de dólares la unidad-, que se prevé imposible un relevo generacional a medio plazo, por lo que la idea con la que se trabaja es que los aviones de cuarta y quinta generación operarán juntos durante bastante tiempo.

Por ello, la idea de incorporar el F-35 al TLP tiene como fin desarrollar las técnicas que lleven a un trabajo en común de estas unidades en un entorno estratégico tan tecnificado como el actual.

Reformas en el TLP

Y es por ello que el TLP tuvo que acometer una completa reforma en sus instalaciones de Los Llanos para acoger a unos aviones tan avanzados e integrarlos con el resto de sus fuerzas. Para ello hubo que reconstruir todo el sistema informático de la base para albergar una red de fibra óptica que permitiera operar a los F-35 en comunicación directa con los EEUU y bajo su supervisión al otro lado del Atlántico.

La red actual es primigenia y solo permite el despliegue de dos aviones, pero para 2021 estará finalizada y podrá albergar hasta una docena F-35 por curso. Esto es algo muy significativo pues, además de EEUU, algunos países de la OTAN como Reino Unido, Italia, Dinamarca, Holanda y Turquía están empezando a dotarse de F-35 y se espera que aviones de estas nacionalidades vengan a adiestrarse al TLP.

Primera misión

Una misión de Combat SAR, rescate de un piloto derribado, fue la primera prueba del TLP en la que participaron los F-35 en este despliegue en Los Llanos. Siguiendo la idea de trabajo entre aliados, un aviador belga hizo el papel de piloto abatido en territorio enemigo.

Mientras una unidad de helicópteros y fuerzas especiales italiana lo rescataba en tierra, cazas F-35 de EEUU, Eurofighter españoles y F-16 polacos y griegos daban seguridad aérea a la operación contra aviones C-101 y F-5 de nuestro país, que hacían el papel de enemigo.

Al tiempo, F-18 también españoles atacaban las defensas enemigas en tierra y protegían desde el aire al grupo de rescate.

Un modelo de cooperación aliada que es la razón de ser del TLP.

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