España padece en cada época estival una lacra que afecta a todo el planeta de la que ninguna nación se libra, los incendios forestales. Y desde luego mientras existan bosques este problema existirá por una mera razón de química orgánica, lo que se discute es contar con los mejores medios posibles para combatir esa amenaza y en España desde 1971 una de las mejores armas contra los incendios son los aviones "apagafuegos" Canadair del 43 Grupo de Fuerzas Aéreas.

Verano y cambio climático

El año en curso esta siendo especialmente atípico en cuanto a su sequedad y altas temperaturas, de hecho el invierno no ha parecido tal con pocos días de frío, climas templados e incluso calurosos y ausencia de lluvias. De hecho los efectos del cambio climático son evidentes en estos síntomas, pues meteorológicamente ya se ha verificado que los veranos se alargan hasta 10 días por década debido a la intensidad del efecto invernadero provocado por la alta contaminación.

Por ello todo hace pensar que la campaña antiincendios de 2019, que aunque oficialmente empezaría el primero de mayo para concluir el uno de noviembre, será especialmente virulenta, sino ha empezado ya con incendios especialmente graves acontecidos recientemente en Galicia y Cantabria.

La campaña antiincendios de 2019

En este contexto fue el madrileño Pantano de Valmayor el lugar elegido para presentar a la prensa la campaña antiincendios de este 2019 y los medios que el 43 Grupo dispone para participar en ella.

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Para esta campaña, el 43 Grupo despliega 18 aviones Canadair, modelos CL-215 y CL-415, más conocidos como apagafuegos o incluso por el castizo nombre que les dan sus tripulaciones, "botijos". Denominación un tanto jocosa pero que a veces ha dado lugar a escenas chuscas, como que en una petición de aviones por una Comunidad Autónoma afectada por graves incendios al mando de la UME, del que depende operativamente la unidad, la conversación fuera algo así: "-No se preocupe, de inmediato le mandamos cinco "botijos". -Qué botijos, ni qué... Yo lo que quiero es que me manden aviones".

Bombardeando el incendio con agua

Frente al bombardeo convencional bélico en que las bombas "inteligentes" van guiadas al objetivo concreto, ya sea vía un puntero láser o guía por satélite o si son bombas de caída libre en las que los sensores del avión indican al piloto el momento óptimo en que debe lanzarlas, el bombardeo antiincendios es meramente artesanal.

En este caso las descargas de agua se realizan "a ojo" con el piloto calibrando con más pericia y habilidad que otra cosa el momento justo de descargar sobre el foco del incendio. Por ello, el entrenamiento es vital y las tripulaciones se adiestran continuamente en cargar y descargar agua para lograr esa pericia de bombardear en el momento justo y a la altura adecuada, que se encuentra en una horquilla de 15 a 5 metros del suelo según la magnitud del incendio.

Con todo, no todos los incendios son iguales, pues mientras en un llano es fácil calibrar el momento de descarga, en montaña o un valle hay que contar con factores como la dirección y velocidad del viento, la orografía del terreno o el peso de la aeronave, un Canadair pesa 26 toneladas con el deposito de agua lleno y al descargar pasa en un instante a 20, por lo que puede entrar en pérdida en un vuelo ascendente en una montaña, por ello la descarga debe hacerse pendiente abajo.

Estrategia antiincendios

Sobre el terreno, los equipos terrestres vía radio corrigen las descargas de los aviones: "Quedó corto", "salió largo", "más a la izquierda o a la derecha". Con todo, la estrategia es un constante carrusel de aviones que descargan sobre el incendio, vuelven a la toma de agua, cargan en solo 12 segundos los 6.000 litros de agua, se elevan y regresan al incendio, descargan y vuelven a empezar y así mientras haya luz solar.

Así continuamente en periodos de 4 horas 30 minutos por tripulación, pausa y otras 4 horas y media de ataques al fuego, recargas y vuelta a empezar, un trabajo agotador en el que cada tripulación es relevada al cumplir estas nueve horas de actividad para no caer exhaustos, aunque una tripulación de refresco puede reemplazar a otra para aprovechar al máximo las horas de luz diurna y más en verano, pero cumpliendo siempre estos horarios de actividad partida.

Para que el bombardeo sea más eficaz, cada avión va dotado de depósitos extra de espesantes y retardantes que se añaden en proporción a la carga de agua, así si la descarga de agua sale larga o los flancos del frente del fuego, los retardantes junto con el agua aíslan los combustibles del terreno impidiendo la propagación del incendio. En cuanto a la carga de agua es preferible usar dulce, pero si es el mar la fuente más cercana es esta la que se emplea, pues lo importante es sofocar el incendio y por ello lo vital es hacer sobre este el mayor número de rotaciones en el menor tiempo posible.

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