Estamos en el tiempo de la Cuaresma. La Iglesia católica está en camino a su fiesta principal: la Pascua. Y es costumbre, sobre todo estas semanas, hacer hincapié en la vida combativa del cristiano. De siempre, se repite que los 3 enemigos del alma son: Demonio, carne y mundo.

Para la Iglesia, el demonio no es una personificación del mal ni una energía negativa, sino un ángel, bueno en su origen, que se rebeló contra Dios y la humanidad. No está solo, sino que otros ángeles se unieron a él y formaron su particular reino del mal. Actúan de una forma cotidiana, mediante las tentaciones, y de formas extraordinarias, como las obsesiones y las posesiones.

El discurso sobre el demonio es mínimo, pero continuo

Sin meternos en las disquisiciones de los nombres, sigamos hablando del demonio en dos dimensiones: personal, señalándolo como individuo espiritual, y grupal, como nombre común de los ángeles rebeldes.

Se dice mucho que la Iglesia ya no habla de él, pero eso no es cierto. Lo que sucede es que no se le da protagonismo. Es decir, se le cita, menciona, pero no se le dedican discursos centrados en su figura. Esto, a nivel público. A nivel privado sí hay publicaciones católicas que investigan su figura y hasta cursos para exorcistas, en el Vaticano, cada año.

Al ser Cristo el protagonista, al demonio se le menciona, se advierte contra él y se muestran las armas de la fe para combatirlo.

Poco más. Sin embargo, la búsqueda de su nombre en lugares católicos arroja noticias todos los meses. Esto es así, porque sale en comentarios bíblicos, en predicaciones y hasta en notas de prensa. Sin embargo, siempre como personaje secundario.

Los papas lo incluyen en sus predicaciones

Claramente, hablan de él.

Y bastantes veces, pero poco tiempo. Sin ir más lejos, el Papa Francisco le ha mentado varias veces en sus predicaciones matinales de santa Marta (en la Misa privada que preside), también en los comentarios bíblicos de los Angelus. Benedicto XVI estaba en esta misma línea. Juan Pablo II practicó 2 exorcismos conocidos y dedicó al mundo angélico 6 catequesis explícitas.

Y, para terminar las menciones, Pablo VI tuvo dos sonadas intervenciones sobre el demonio en 1972.

Una síntesis para curiosos

Quien desee iniciarse en el estudio de su figura, sin duda debe comenzar por las predicaciones de Pablo VI y Juan Pablo II, debido a la centralidad que le conceden al demonio. A continuación, las lecturas obligadas son el Catecismo de la Iglesia católica y los evangelios. Con esta base es posible acceder luego a obras especializadas, que no faltan, y de las que daremos cuenta en siguiente entrega.

Por dar una síntesis de lo que cree la Iglesia sobre el demonio, señalemos que lo ve como un ángel creado bueno por Dios. Por motivos desconocidos, se rebela y se opone a Dios y a la humanidad.

Es poderoso, pero no puede desplegar toda su fuerza contra nosotros. Su acción es espiritual: básicamente, tentaciones. A veces, su acción es extraordinaria y llega a la obsesión y, la más grave, la posesión.

Se le vence mediante la vida cristiana firme: oración, sacrificio, ayuda al necesitado, confianza y alegría en Dios, oración confiada en la protección de la Virgen. Se le combate con la confesión y la conversión continua. Se le echa mediante las oraciones del exorcismo.

Hay más de un demonio. A ellos se les contraponen los ángeles. Cada uno tenemos un ángel de la guarda, pero no un demonio personal.

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