En la edad adulta, nuestro cerebro no produce nuevas neuronas, al menos de acuerdo con una nueva investigación científica recientemente publicada y coordinada por Arturo Alvarez-Buylla de la Universidad de California, San Francisco. El resultado es muy discutido y ha traído nuevos elementos a un debate que duró décadas entre los científicos: por un lado, hay quienes creen que las neuronas continúan formándose incluso en seres humanos adultos, por el otro, aquellos que afirman que una vez que el desarrollo finaliza, no se generan nuevos.

Es una comparación interesante, no solo porque se refiere a la forma en que se organiza nuestro cerebro, sino también porque ofrece una buena demostración de cómo funciona la investigación científica, con estudios y experimentos que se contradicen entre sí y contribuyen lentamente a comprender cómo las cosas realmente funcionan

90 años de discusiones

Para tener una idea de cuánto tiempo es esta historia, podemos remontarnos a 1928. En ese momento, Santiago Ramón Cajal, considerado uno de los padres de la neurociencia moderna, escribió en sus estudios: "Como adultos, los centros nerviosos son sustancialmente fijo, acabado e inmutable ".

Los investigadores han llegado a estas conclusiones durante años, dirigiendo su investigación para encontrar la confirmación de que la neurogénesis (la formación de nuevas células nerviosas) ocurre solo desde el momento en que somos un simple embrión hasta la adolescencia. Acompañando el progreso de las herramientas para llevar a cabo los análisis, en los años ochenta varios investigadores notaron rarezas que cuestionaban las certezas de Cajal y sus colegas de principios del siglo XX.

Mediante el estudio de especímenes adultos de animales pertenecientes a diversas especies, los investigadores se dieron cuenta de que la neurogénesis se producía de la misma manera, encontrando pistas sobre procesos similares en los cerebros de los humanos adultos.

Una cantidad importante de investigaciones ha llegado a la conclusión de que, en áreas del cerebro como el hipocampo, la parte dedicada al aprendizaje y la memoria, se producen cientos de nuevas células cada día. El problema es que no hay evidencia incontrovertible sobre este fenómeno, tanto que ha sido cuestionado repetidamente, lo que lleva ahora a confirmar o cuestionar las famosas obras de Cajal y los que lo siguieron.

La nueva investigación

La más reciente es el estudio de Alvarez-Buylla y sus colegas de la Universidad de California: en Nature escriben que no han encontrado ningún rastro de nuevas neuronas en las docenas de muestras que analizaron, también provenientes de adultos humanos.

Los autores de la investigación han concluido que la neurogénesis en la adultez es un fenómeno "extremadamente raro" y, por lo tanto, está lejos de la hipótesis sobre la producción diaria de cientos de neuronas nuevas.

Alvarez-Buylla y sus colegas llevaron a cabo experimentos y análisis de roedores, demostrando que incluso en la adultez, producen nuevas células neuronales, especialmente las responsables del olfato. En los humanos, la historia es diferente: la producción de este tipo de neuronas es limitada en el tiempo y se detiene con la edad madura, tal vez porque no necesitamos un súper olfato.

La neurogénesis también se detiene en otras áreas del cerebro, por ejemplo, en el lóbulo frontal, la parte anterior de los hemisferios cerebrales que rige la mayoría de nuestras capacidades mentales.

Más tarde, Alvarez-Buylla se dedicó al hipocampo, el área más estudiada para comprender si hay neurogénesis o no. La investigación se realizó en muestras de cerebros de 17 adultos que habían donado su cuerpo a la ciencia. Los científicos han estado buscando moléculas que generalmente son el resultado de la producción de nuevas neuronas: no se encontró nada, ni rastro, incluso en las muestras más prometedoras. Por otro lado, se encontraron rastros de neurogénesis en muestras tomadas de cerebros más jóvenes.

Crítica del estudio

El resultado de la investigación está siendo muy discutido, no solo por los resultados, sino también por la forma en que se llevó a cabo. La mayoría de los críticos han señalado que buscar signos de nuevas neuronas en las muestras tomadas de cadáveres no puede dar resultados fiables, sobre todo porque no se analiza directamente la neurogénesis, pero sólo los indicadores de lo que puede haber sucedido a la vida en los cerebros utilizados en el estudio. Además, estas proteínas utilizadas como rastros tienden a degradarse muy rápidamente después de que el cuerpo muere.

Alvarez-Buylla y sus colegas creen en cambio que han obtenido resultados confiables, tanto por la forma en que las muestras se han almacenado como por otras pruebas de control, realizadas esta vez en personas que aún están vivas, sometidas a operaciones quirúrgicas para tratar casos graves de epilepsia.

Las pruebas incluyeron muestras de 12 adultos, 7 niños y 3 recién nacidos. Incluso en estos casos, en lo que respecta a los adultos, no se detectaron rastros de neurogénesis.

El problema es que todavía hay muchas cosas que no sabemos sobre cómo funciona el cerebro, cómo organiza y renueva algunas de sus partes. Los resultados obtenidos en la nueva investigación pueden haber sido muy diferentes con otros sujetos, también en función de sus hábitos de estilo de vida y su salud antes de la muerte. El estudio también choca con investigaciones previas, algunas incluso mayores de 20 años, donde se encontró evidencia consistente sobre la actividad celular que conduce a la creación de nuevas neuronas.

Un estudio de 2013 que demoró años de trabajo llegó a conclusiones similares, estimando que alrededor de 700 neuronas nuevas se producen todos los días en el hipocampo. Otro estudio en 2016 prácticamente ha demostrado lo contrario.

Hasta la fecha no hay suficiente evidencia para decir con certeza que se forman nuevas neuronas en los adultos, o para excluirla. Probablemente tomará años de comparaciones, disputas y nuevas investigaciones científicas para entenderlo. Sabemos con certeza que la neurogénesis ocurre antes de la madurez y que el proceso afecta a muchos otros animales. La posibilidad es que un día tenga un sistema para estimular la neurogénesis, a fin de explotarlo para reparar el daño cerebral causado, por ejemplo, por enfermedades degenerativas como el Alzheimer.

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