Después de 45 años de vida, luchando contra la adversidad que le ha supuesto coincidir con la raza humana, "Sudán" murió el pasado 19 de marzo. Se trataba del último rinoceronte Blanco del norte macho que conservábamos en el planeta, exactamente en la reserva Ol Pejeta Conservancy, en Kenia. Actualmente son dos los miembros que componen esta subespecie y ambos son hembras. Ante esta situación, son muchas las incógnitas que aparecen sobre cómo poder garantizar la continuidad de esta especie. Las posibles soluciones que se pueden encontrar para poder solventar este problema pasan todas por el laboratorio, y las probabilidades de éxito son escasas.

Sudán:

En 1973, nació en Sudán, país que le dio nombre. Fue el último individuo de su especie que nació en estado salvaje y que como consecuencia de la bien sabida caza furtiva, fue trasladado a la República Checa, al zoológico de Dvůr Králové en 1975. Años después, en el 2009, tuvo que ser trasladado a Kenia a la reserva Ol Pejeta Conservancy, donde vivió estando siempre escoltado por un ejercito que le protegieran de los furtivos. Jan Stejskal, director de Proyectos Internacionales del Zoológico de Dvůr Králové, comentó que "su muerte es un símbolo cruel del menosprecio humano por la naturaleza y ha entristecido a todo aquel que lo conocía".

En Kenia estaba siendo tratado por problemas acarreados por su avanzada edad que le impedían incluso levantarse.

ante esta situación, veterinarios de la reserva y de Dvůr Králové tomaron la decisión de ejecutarle para evitar una prolongación de su sufrimiento.

El impacto de su muerte:

Al impacto que la muerte de Sudán ha generado, se le suma la escalofriante realidad sobre esta subespecie. Solo quedan dos rinocerontes blancos del norte y ambos coinciden que son hembras.

"Najin", hija de "Sudán"; y "Fatu", nieta del mismo. Las dos se encuentran en la misma reserva de Kenia donde murió su padre.

Las esperanzas para que la subespecie de rinoceronte consiguiera perpetuarse estaban puestas en "Sudán" hasta que hace unos años se demostró que la edad fértil de este había llegado a su fin. Ya entonces se vio que la única alternativa pasaba por el laboratorio.

Habría que recurrir a la fecundación in vitro para producir nuevas generaciones de rinoceronte blanco del norte.

Para poder realizar la fecundación in vitro se requiere de óvulos femeninos, que procederían de "Najin" y "Fatu"; y espermatozoides masculinos de reservas de espermatozoides de machos de la subespecie que se obtuvieron una vez comprobado su posible riesgo de extinción.

Sin embargo, la teoría no se corresponde con la práctica. La realidad es que este proceso es mucho más complicado. Hay que lidiar con que las probabilidades de que se de un embarazo exitoso son muy bajas y, algo que ya se sabe desde hace tiempo, un problema en relación con la capacidad de proliferar por parte de las dos hembras.

Por todo esto, ¿estaremos presenciando las últimas horas de toda una especie sin poder poner solución al daño ocasionado?¿Servirá, a la larga, la muerte de "Sudán" para concienciar al ser humano del rastro tan devastador que está dejando en su paso por la Tierra?

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