Se habla mucho del Ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, feroz azote de la inmigración ilegal y extremista en todas sus opiniones. Pues ha saltado a los medios algo que tiene que ver con inmigrantes, ilegales o no, y que atañe al campo italiano, en la Italia profunda. Y de lo cual él nunca habla, ya que sólo se acuerda de los que entran en el país por mar.

Varios organismos independientes italianos han descubierto que muchos jornaleros temporales del campo, italianos e inmigrantes, trabajan en condiciones de semi-esclavitud, cobrando miserables salarios y muchas horas al día.

Y no sólo eso: según una de ellas, Observatorio Independiente de Muertos en el Puesto de Trabajo, con sede en Bologna, en los últimos años, por esas condiciones laborales y el estrés que provocan a quienes trabajan, han muerto más de 1.500 trabajadores, sobre todo en el Sur de Italia.

Un sudanés y una italiana murieron de infarto por el calor y el trabajo sin parar

Se han documentado casos de trabajadores como Abdullah Mohamed (sudanés) y Paola Clemente (italiana). El primero falleció de un infarto trabajando sin parar y a pleno sol, y la segunda después de un trabajo agotador de 20 días sin poder librar, cobrando 2 € la hora y sin poder parar ni para comer, pues tenía que trabajar 12 horas diarias para ganar 27 €.

También sufrió el infarto con el termómetro a 42 grados. Ninguno sufría del corazón, pero sus cuerpos no pudieron soportar cómo los explotaban.

Ella ha sido recordada en un cortometraje, “La giornata”, que recrea su vida y su triste final en condiciones tan extremas. La documentación que reúne la organización antes mencionada habla de la explotación de miles de trabajadores como ellos dos.

Se calcula, según Oxfam, que en los campos italianos trabajan 430.000 trabajadores sin contratos regulares y más de 100.000 en explotación absoluta. Las mujeres trabajadoras, italianas o inmigrantes, cobran un 30 % menos que los hombres.

Todos ellos son reclutados por negreros llamados “caporale”, que se encargan de vigilarlos, contratarlos y llevarlos al lugar de trabajo.

Llegaban a cobrarles a los trabajadores el agua que consumían para no deshidratarse. Los “caporale” son representantes de los propietarios, que así se quitan responsabilidades civiles ante las autoridades si pasa algo. La muerte de Paola Clemente obligó al Gobierno a sacar una Ley contra ellos.

Alguno acabó en una cámara frigorífica o desaparecido

Hace poco, la tragedia personal de estos trabajadores explotados salió de nuevo a la luz por el grave accidente de tráfico en donde murieron 16 de ellos, en Foggia, al volcar una furgoneta atestada de ellos, como aquellos trenes de la India. Sin contar que si mueren, en vez de llevarlos al Hospital, los meten en donde pueden, como Abdullah, que acabó en una cámara frigorífica, o Mamadou, que murió en un trágico incendio, también en Foggia, e hicieron desaparecer sus restos.

Incluso hubo un sindicalista de Mali, Soumalia Sacko, asesinado a tiros hace semanas por un vigilante, cuando se manifestaba denunciando las condiciones de todos ellos.

La Iglesia también denuncia el trato a estos trabajadores, y el Cardenal de Perugia lo ha descrito como “Ratones en una casucha”, sobre todo refiriéndose a los hijos de muchos trabajadores, que malviven en casas y habitaciones tan infectas como sus progenitores y los trabajadores solteros. La fallecida Paola Clemente tenía tres hijos.

Y para rematarlo, muchos de los productos de las cosechas que recogen estos trabajadores son para marcas conocidas, desde uvas a tomates.

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