La mediación comunitaria parte de la existencia del conflicto. El conflicto es intrínseco a la naturaleza humana y debemos convivir con este hecho, que se produce constantemente tanto dentro como fuera de nosotros mismos, en nuestras relaciones interpersonales y sociales. Así que en lugar de concebirlo como un problema, se recalca su aspecto positivo, convirtiéndolo en una oportunidad y en motor de cambio social.

En el método alternativo de gestión de conflictos [VIDEO] que existen y surgen constantemente en el seno de nuestra sociedad, se proponen tres modelos tradicionales y un cuarto alternativo, que ofrecen perspectivas diferentes y remarcan la cuestión principal en la que se debe incidir para que la mediación obtenga resultados satisfactorios.

El modelo tradicional-lineal de Harvard

Esta escuela se centra en la obtención del acuerdo, que es el parámetro por el cual se mide si la mediación ha sido o no exitosa. Parte del conflicto como base del desacuerdo desde el punto de desavenencia entre las partes implicadas. Su objetivo es, favorecer el diálogo mediante la intervención del mediador, que ejercería de negociador, facilitando que las partes se expresen y puedan llegar a ese acuerdo, haciéndose responsables del mismo en igual medida, lo que a su vez exige de su total colaboración.

No tiene en cuenta otras causas que puedan haber incidido en su aparición, como podrían ser las ambientales, entorno social u otras causas internas de las que los sujetos tal vez no sean conscientes. El proceso tiene una causalidad lineal, se parte del conflicto como un hecho no modificable en su origen.

El origen del conflicto es intrapsíquico y cuando las partes acuden al mediador su situación es caótica, así que la su función se centra en restablecer el orden. Es un método proviene del derecho y de la economía.

A través de la mediación se intentan métodos para incentivar la mediación [VIDEO] y acentuar las similitudes, haciendo aflorar su vertiente positiva y reconciliando las posiciones, inicialmente contrapuestas, para llegar al objetivo final de una solución consensuada y favorable a ambas partes.

La escuela circular Narrativa de Bush-Folger

Este método, al contrario que el de Harvard, no se centra en el logro del acuerdo, sino en la mejora de las relaciones entre las partes. Sin embargo, el acuerdo también es importante, y la aplicación de este método incluso se caracteriza por una elevada obtención acuerdos, pero a partir de una transformación de estas interrelaciones, que son contempladas no como un hecho inamovible, sino como un hecho susceptible de cambio.

Cada una de las partes tiene una interpretación del conflicto que se fundamenta en sus propias creencias, educación y experiencia personal.

En este punto radica el origen del conflicto, y el mediador tratará de que las partes expongan su punto de vista con el objetivo de ampliar el abanico de posibilidades y llegar a una comprensión más amplia y a una reconsideración de las posiciones del otro y de las de uno mismo.

Se incentiva el reconocimiento de los intervinientes en la mediación, como agentes y protagonistas del cambio. Se busca que cada uno de ellos vea la perspectiva del otra acerca del conflicto. El conflicto se concibe como un proceso mental por lo tanto existe una causalidad circular. Este método proviene de la psicología.

Se pretende alcanzar una revalorización, facilitando las herramientas y las habilidades necesarias para que las partes sean capaces de construir una nueva relación. La trascendencia de este enfoque relacional tiene especial importancia por cuanto implica dotar a las partes de esta actitud renovada que incorporan y que les va a servir para tratar los conflictos que se les van a presentar en el futuro.

Modelo circular-narrativo de Sara Cobb

Al igual que la escuela circular-narrativa, este modelo parte de una causalidad circular. Da especial importancia al aspecto relacional, y, aunque también reconoce la importancia de la obtención del acuerdo, tiende a considerarlo como un aspecto más bien circunstancial.

Recoge el método de transformación relacional e incorpora técnicas de reformulación, construcción positiva y preguntas. A diferencia de los dos anteriores, formula el conflicto como procedente de múltiples causas que deben ser exploradas para obtener una visión completa del mismo y así poder abordarlo en su complejidad.

A diferencia del modelo de Harward, considera que el conflicto tiene su origen en una situación de orden, en el que cada una de las partes está instaurada y considera como un hecho de partida inamovible. En este punto, la estrategia consiste en introducir factores que alteren este orden que se da por establecido, es decir, introducir un factor de caos, favoreciendo que salgan a la luz las diferencias e incrementándolas deliberadamente con el objetivo de que aparezcan “estructuras disipativas”. La meta es fomentar la reflexión y transformar la historia que se plantea en la sesión.

Es decir, en este enfoque no lineal, las “estructuras disipativas” representan estructuras coherentes, alejadas del equilibrio, que en este caso estaría representado por la existencia del conflicto. Así, se crea un espacio que hace posible, desde una perspectiva constructiva, el acercamiento de las posiciones encontradas y restablecer este equilibrio, creando un orden nuevo que unifique el orden inicial individual de ambas partes y que al mismo tiempo lo consolide.

El método alternativo o integrador

Es alternativo porque presenta una visión diferente del tratamiento del conflicto con respecto a los tres modelos anteriores. Y es integrador en tanto en cuanto no se erige como método exclusivo, sino que propone su perspectiva como una herramienta complementaria que ayude a tratar el conflicto de una manera más amplia, proporcionando un mejor entendimiento del mismo.

Ofrece una doble dimensión: en primer lugar, incorporar la Programación Neuro-Lingüística (PNL) (LINK 3) al proceso de mediación, y en segundo lugar, demandar una nueva actitud del mediador en la gestión del proceso (básicamente es necesario que éste crea en la validez del método y además para aplicarlo requiere tener conocimientos de PNL). Este modelo se centra en el estudio de los procesos mentales, es decir, parte de la idea de que el propio conflicto se desarrolla como un proceso mental.

Se preocupa concretamente por los procesos sensoriales. Cada individuo interpreta la realidad de acuerdo a estos procesos, que pueden venir dados por su educación, experiencias, personalidad, la concepción de la realidad. Se forma una idea, un mapa mental del conflicto que viene propiciado por estos procesos sensoriales que no solo no tienen porqué coincidir con los del otro, sino que podría afirmarse que son exclusivamente suyos en la esfera psicológica, pues es imposible que dos personas tengan la misma percepción respecto a cualquier hecho externo objetivo.

El modelo integrador hace hincapié en incidir sobre esa percepción, siendo tarea del mediador el favorecer que la persona sea consciente que existen otras posibilidades, y esto, además, dando una especial relevancia al lenguaje. Es decir, cuando una de las partes expone su visión del problema lo hace en palabras, y esas palabras, igualmente, tienen un significado, que viene determinado por su propia percepción, distinta, como ya se ha comentado, a la del otro.

Este sería el instrumento del cambio, reformular el lenguaje a través de las técnicas de la PNL, para lo cual es imprescindible establecer unas pautas de comunicación claras que permitan reconocer y modificar comportamientos que no son eficaces. Permite establecer patrones de conducta más adaptativos que favorezcan el entendimiento. El modelo integrador proviene de la filosofía y de la psicología.

Estos modelos no son excluyentes entre sí. En la mayoría de los casos, incluso es recomendable aplicar los principios de varios de ellos en un mismo caso, dependiendo del ámbito en que se desarrolle la mediación, las circunstancias concretas de la misma y la fase en la que se encuentre.