El un tanto iconoclasta analista de defensa americano Gary Brecher definió en su libro "Hazañas y chapuzas bélicas" (The war nerd) el uso de los IED en guerra irregular como una "insurgencia para vagos" y aunque su análisis sea un tanto entre nihilista e irreverente lo cierto es que en retrospectiva hay que darle la razón, pues con un mínimo esfuerzo, poco gasto, escaso riesgo y menos escrúpulos la insurgencia a lo largo y ancho del mundo ha provocado terribles pérdidas a fuerzas occidentales y autóctonas con el uso inteligente aquí y allí de artefactos IED o como se les llamaba antes de emplear estas siglas en inglés, Bombas trampa o trampas para bobos (bobby traps).

La historia

El invento no es nuevo sino que se remonta a la Primera Guerra Mundial cuando los alemanes en retirada colocaban explosivos a sus característicos cascos de pincho abandonados a sabiendas que los soldados aliados gustaban llevárselos como recuerdo, fue tal el número de bajas que esta bomba trampa provocó que se la reconoció como una "trampa para bobos". A 100 años de ese conflicto si aparte de la resistencia del DAESH y la incapacidad de los ejércitos sirio o iraquí, la conquista de ciudades como Mosul, Homs o Palmira ha sido tan difícil la causa han sido el uso masivo de IED en cada rincón, esquina o objeto llamativo existente en dichos lugares.

Para entender la dificultad de localizar y desmantelar cualquier bomba trampa un ejercicio de combate híbrido acometido por tropas de la Comandancia General de Baleares, COMGEBAL, nos sirve para ilustrarnos.

Buscando la trampa calle a calle

Es un ejercicio, pero ver a los soldados, honderos, del Regimiento "Palma" 47 destacados en Baleares avanzar por las calles, asaltar los edificios por las ventanas y cubriéndose en cada esquina nos revela las dificultades de limpiar una población donde se conoce que una célula insurgente se ha atrincherado.

Al desconocerse la ubicación enemiga es necesario ir calle a calle y revisar cada casa y esquina lo que hace de la misión una labor muy lenta y machacona, buscando a cada insurgente y lo que es peor cualquier IED que estos hayan dejado detrás. La ventaja es de quién deja la bomba pues puede conectarla, irse y simplemente después contar los muertos que sus bombas trampa hayan dejado, una "insurgencia para vagos" mientras que las tropas deben revisar todo el lugar palmo a palmo e identificar si un elemento extraño es un IED o no.

Algo sospechoso se encuentra cerca de una puerta, una caja de municiones extrañamente abandonada.

Perimetrar y reconocer

Detectado el posible artefacto la primera orden es dejar una distancia de seguridad del mismo, establecido este perímetro se cuenta en esta ocasión con un perro detector de explosivos, cosa que no ocurre siempre, el animal se acerca al artefacto y al sentarse junto al objeto certifica que en la caja sospechosa contiene explosivos, entonces su cuidador le llama de vuelta y le recompensa con un rulo para morder, para el perro esta labor es un juego.

Certificado que hay un IED los zapadores entran en acción para anularlo, la peliculera idea de cortar cables solo se da en el cine o si hay vidas en juego lo que hay que hacer es disrruptar o sea inutilizar el IED destruyendo sus componentes para que la bomba no pueda explotar o a lo sumo provocar una explosión controlada.

La disrrupción

Una primera revisión certifica que es un IED muy básico, simplemente estalla al abrir la tapa, lo más fácil y adecuado es engancharla por debajo con un garfio y tirar a distancia para que sus componentes se desordenen y quede inerte, hay que desplegar una soga con un gancho al final y colocar este con cuidado milimétrico bajo la caja sin abrirla, comprobar que el enganche es firme y tras retirarse a una cobertura a distancia jalar con fuerza.

Al saltar la caja los componentes del detonador se dispersan por el suelo soltándose los cables así al caer la caja la bomba no estalla, su elemento detonador se ha roto en el arrastre.

Tras un suspiro de alivio los "honderos" continúan el avance sistemático edificio a edificio puede haber otro IED al lado.

Es un ejercicio pero que demuestra a ambos lados las ventajas y complicaciones de esta "insurgencia para vagos".

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