Año 2020, un país llamado España y que aparentemente parece pertenecer al grupo de países del primer mundo, donde tener un trabajo en el que a las personas se las trate como a tal, en ocasiones, dista bastante de la realidad. Personas extranjeras, con o sin papeles, personas españolas; todos trabajadores que se hacen indispensables para que frutas y verduras estén presentes en nuestros hogares y que pese a ello, parece que las condiciones mínimas de vida y los derechos laborales han sido durante años (y siguen siendo) inexistentes para ellos.

Convenio colectivo

Según se recoge en el convenio colectivo de trabajadores del campo de Huelva, podemos leer lo siguiente: “Artículo 7º.- JORNADA DE TRABAJO.- La Jornada laboral efectiva queda fijada en 39 horas semanales.

Cuando las circunstancias estacionales o de campaña determinen la necesidad de intensificar el trabajo o concentrarlo en determinadas fechas o periodos, la jornada ordinaria podrá ampliarse hasta un máximo de diez horas semanales de trabajo efectivo, sin que la jornada diaria pueda exceder de 9 horas de trabajo efectivo.

En todo caso, la empresa podrá distribuir irregularmente el 10% de la jornada anual de trabajo Como consecuencia del proceso productivo continuo que implica trabajar en el campo, durante las campañas de recolección y tratándose de cultivos perecederos, en lo que se refiere a: fresas, frambuesas, arándanos, moras, fruta de hueso, los domingos tendrán carácter laboral desde el 15 de febrero al 1 de Junio pudiendo disfrutar el trabajador o la trabajadora del descanso semanal, en cualquiera de los otros días de la semana siempre y cuando no se hubieran trabajado ya las 39 horas semanales”.

Jornadas de 12 horas diarias

La realidad dista bastante de lo expuesto en este artículo, pues las jornadas laborales de los temporeros no suelen bajar de las 12 horas diarias y en muchas ocasiones sin tener ni un solo día libre.

Todo ello sin que importen las inclemencias del tiempo, ya sea bajo un sol infernal [VIDEO] o una lluvia torrencial. Estas jornadas interminables incluyen media hora de descanso para almorzar y una hora para comer, las cuales no son remuneradas.

Al duro trabajo de estos temporeros hay que añadir el trato tan desagradable como vergonzoso que reciben, pues además de no proveerles de apenas agua, lo que provoca que hayan desmayos, vómitos o incluso fallecimientos, como el último caso sucedido el 1 de agosto en Murcia, a menudo son humillados y llamados (o gritados) a base de insultos y en ocasiones se incluyen casos de abuso físico.

Muchos de estos temporeros viven en refugios fabricados por ellos mismos, con palés, cartones y plásticos sin disponer de electricidad ni agua potable y en esta época de pandemia, provocada por la COVID-19, en la mayoría de casos no se les proporcionan mascarillas ni guantes para su protección. Según ha dicho el eurodiputado alemán de los Verdes, Daniel Freund, hay más protección "para los animales que para algunos de estos trabajadores de nuestras granjas”.

No sólo sucede en España

Esta situación no sólo se produce en España. En una investigación coordinada con Lighthouse Reports, Der Spiegel, Mediapart y periodistas de Euronews, fueron entrevistados varios trabajadores de todo el continente, los cuales coincidían en lo mismo, las horas no pagadas, la presión a la que se ven sometidos, la escasez de agua o la poca protección que reciben.

Según uno de los entrevistados, cuando llegó a trabajar como temporero a Francia, le dijeron “bienvenido al infierno”, y parece ser que no era exagerado, ya que a parte de las condiciones laborales, se añaden las pésimas condiciones de las viviendas, en las que podían dormir hasta cinco personas en una misma habitación, sin disponer de sábanas, almohadas o papel higiénico en los aseos.

Ganancias y Subvenciones

La Política Agrícola Común de la unión Europea, encargada de gestionar las subvenciones dirigidas a ganaderos y agricultores de la UE, concede casi 60.000 millones de euros al sector agrícola. El negocio de las fresas, en Huelva, genera unos ingresos de alrededor de 500 millones de euros anuales. Bionest (el mayor productor español de fresa orgánica), según datos del Gobierno español, recaudó unos 4,4 millones de euros el año pasado, en subsidios de la PAC (Política Agraria Común).

Estas cifras nos sitúan en la edad moderna, donde las ayudas recibidas junto a los beneficios obtenidos generan empleo y prosperidad, sin embargo, la precariedad en la que se encuentran los trabajadores, nos sitúan, más bien, en una época remota que parece olvidada (pero no extinta), donde no se tenían en cuenta los derechos humanos.

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