En momentos como este, uno tiene que resistir. Es lo que en Japón se llama “Ganbaru”’, que representa la perseverancia ante la adversidad. Es que no queda otra, porque ya han cerrado definitivamente miles de comercios quebrados por la coyuntura económica en cada país. Pero después de “la nueva normalidad”, implicará que en Argentina por ejemplo, 6 de cada 10 niños y su grupo familiar serán pobres en diciembre de este año, según UNICEF. Sí, más de la mitad del país será pobre y habrá más desempleo (por el cierre de empresas), más marginalidad (con el crecimiento del delito) y más inflación (al emitir dinero el Gobierno para dar subsidios y planes).

Ventajas y desventajas del trabajo remoto

El home office, o trabajo remoto, dejó un aprendizaje a los empleadores. Ya sabemos que no todo será igual en nuestro regreso. El trabajo a distancia será parte de “nuestra normalidad”. Los que hemos pasado por las dos situaciones, sabemos que trabajar en modalidad remota y hacerlo en forma presencial conlleva ventajas y desventajas. Para quienes analizan su actividad, también implica duplicar acciones de gestión para que ambas realidades convivan de la mejor manera.

Quienes hicieron home office por primera vez, hubo un período de adaptación y de aprendizaje a esta nueva modalidad, que incluía desde poder organizar nuevas formas de comunicación con el equipo de trabajo, hasta buscar el lugar de la casa que fuera más adecuado para trabajar.

Para facilitar ese proceso, los webinars sobre organización del trabajo remoto y las prácticas sobre las metodologías, hicieron que se pueda construir una forma de trabajo “híbrida”.

La ganancia o ventaja es que es más cómodo para el trabajador y se reducen los contagios y los tiempos de traslados. Pero no todos los trabajadores pueden hacer teletrabajo, ya que buena parte de las plantillas de las empresas se desempeñan “in situ”, lo que exige el cumplimiento “a rajatabla” del trabajo tradicional.

Los primeros días de la emergencia hubo emociones encontradas entre la incertidumbre y el estrés. Un empleado que hacía tareas de oficina, al trasladar la actividad a su casa puede resultar un cambio de impacto emocional; para un operario de fábrica, por ejemplo del sector siderúrgico, dejar de trabajar con su cuerpo por la parada de una planta plantea un factor de riesgo de emociones negativas aún mayor.

Para algunos sectores de la economía, el problema es el encierro compulsivo; para otros, es la caída de ingresos.

Planificar el futuro

Las empresas tuvieron cierto entrenamiento para gestionar en circunstancias extremas y a esto hay que sumarle la incertidumbre como parte estructural del negocio, porque desarrollar proyectos es un poco diseñar escenarios a futuro. Y así lo entendieron las empresas de tecnología y las de logística, que fueron las grandes ganadoras, como Amazon por ejemplo. Uno tiene que dar a las personas una idea de presente, pero también de futuro. La planificación eficiente es una máquina del tiempo: se plantean los escenarios que pueden surgir a partir de las situaciones de hoy.

La contribución de esta experiencia a “la nueva normalidad” es la potenciación del rigor y del cumplimiento de protocolos en la actividad, así como la eficiencia en las tareas administrativas, gracias a la aceleración de la digitalización. Hoy podemos destacar como algo positivo que salimos en parte fortalecidos de esto, porque demostramos resiliencia y capacidad de adaptación. Pero no todos, como dije anteriormente.

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