"La falsedad vuela, y la verdad viene cojeando después", escribió Jonathan Swift, en 1710, hoy en día encontrar en las diversas noticias que se pueden leer en internet ejemplos de esto es muy sencillo. En la red social twitter, hace muy poco tiempo, un cardiólogo estadounidense dijo que las fotografías que mostraban niños muertos en Siria a causa de los gases venenosos eran falsas, en base a una prueba que resultó ser errónea. Su tuit inicial fue compartido doce mil veces, su rectificación solo cincuenta.

Tras las elecciones del 2016, el 14% de los estadounidenses reconoció haber compartido en sus redes sociales, noticias que sabían que eran falsas para favorecer a sus candidatos o desprestigiar a los contrarios.

Las redes sociales aumentan su alcance y eso hace que aumente también la propagación de las noticias falsas, es un fenómeno mundial. Todos nos centramos en las noticias que sustentan nuestras creencias y nos retroalimentamos de ellas limitando, en lugar de expandiendo, nuestra visión.

Nuevos medios para un fenómeno antiguo

Sin embargo, los medios son nuevos, pero no lo es el fenómeno. Internet puede ser a los siglos XX y XXI lo que fue la imprenta desde el s. XV, especialmente con la expansión de la cultura panfletaria en la Inglaterra de los siglos XVI y XVII. En aquel momento sorprendió la magnitud de la conciencia social, se creía que la escritura y las ideas eran algo que interesaba solo a unos pocos entendidos, y ver como el grueso de la sociedad buscaba, comentaba y se exaltaba con las ideas extendidas a través de los panfletos sorprendió.

La exageración como medio de llamar la atención y fomentar el odio hacia los que mantenían ideas diferentes ya estaba presente como forma de actuación en estos panfletos. La cultura del norte de Europa se vio sorprendida por la llegada de grandes cantidades de opinión y el caos que produjo su gran introducción social.

En el s. XVII en Inglaterra los folletos recibían el nombre de “balas de papel”, eran tanto propagadores como resultado de la violencia social.

La prensa periodística y el nacimiento de nuevos lugares de reunión (salones y casas de café) a finales del siglo XVII y principios del s. XVIII, propició el surgimiento de la llamada opinión pública.

1695 fue en este sentido un año clave para Inglaterra, pues se eliminó la censura lo que permitía expresar las opiniones sin penalización.

Desde su surgimiento, podemos decir que nunca ha existido un momento histórico en el que la prensa haya sido totalmente imparcial y estado libre de falsedades. Siempre ha habido diversos sectores a los que les ha interesado manipular y adoctrinar a las masas, el ejemplo más antiguo y más claro quizás sea el de los sermones del clero.

La tecnología al servicio de la desinformación

Pero la misma línea han ido siguiendo todos los medios de comunicación. Es bien conocida la anécdota ocurrida en los EE.UU. el 30 de octubre de 1938, cuando una parte de la población entró en pánico al escuchar por la radio como un meteorito impactaba en New Jersey y de él empezaban a salir alienígenas con máquinas de guerra que se dirigían hacia Nueva York.

Resultó ser una adaptación de Orson Wells de la obra La guerra de los Mundos de HG Wells, que hizo entrar en pánico a muchas personas.

Más allá de la anécdota, no deja de ser cierto que los líderes autoritarios de los años 30, fueron alzados al poder con la ayuda de la radio. Los nazis tenían incluso una Guardia de la Radio que tenía como finalidad asegurarse de los ciudadanos escuchaban los discursos de Hitler.

Hoy en día la victoria de Trump es considerada por muchos como un ejemplo del poder de internet, twitter sería su arma de guerra a la información, bulos como "El Papa Francisco conmociona a mundo, respalda a Donald Trump como presidente" se extendieron ampliamente afectando a la opinión pública.

Es cada vez más evidente que la revolución tecnológica por sí sola no va a dar un impulso a la democracia, la única solución a las noticias falsas, ahora como siempre, es la educación que fomenta el pensamiento crítico.

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