El FBI ha doblado la recompensa que ofrece por la recuperación de las piezas del mayor robo de Arte efectuado en la historia, según se lee en una noticia publicada en el Boston Globe, pero ojo solo hasta fin de año, así que quien disponga de algún dato útil tiene el tiempo limitado. 10 millones de dólares y la promesa de que no habrá represalias parecen lo suficientemente tentadoras

En el Museo de Isabella Stewart Gardner de Boston los visitantes pueden ver colgados en la pared los marcos vacíos desde el robo que sufrieron hace casi 30 años, el 18 de marzo de 1990. 13 piezas en total fueron las sustraídas, valoradas aproximadamente en unos 428 millones de euros.

La más importante, sin duda, es la titulada “La Tormenta en el mar de Galilea” (1633), la única marina que se conoce del gran genio holandés, Rembrandt. Pero también está “El Concierto” de Vermeer, obras de Manet y Degas, “Paisaje con Obelisco” de Govaert Flink, uno de los mejores alumnos de Rembrandt y un vaso de cobre de la dinastía china Chang datado entre el 1200 y el 1100 a.C.

El robo

Como si de una trama de película se tratase, podemos considerar este como el robo perfecto. El 17 de marzo de 1990, día de San Patricio (dato relevante porque en Boston hay una gran cantidad de población de ascendencia irlandesa), alguien llamó al Museo de Isabella Stewart y convenció a los dos jóvenes vigilantes que había ese día, recién licenciados en historia del arte, para que le permitieran hacer una visita privada fuera de horario.

Al día siguiente, sobre la 1 a.m. dos personas uniformadas se presentaron en el museo, anunciándose como agentes de policía y comunicando a los vigilantes que estaban detenidos. Los amordazaron, ataron sus manos con esparadrapo y los encerraron en una sala sin darles tiempo a hacer saltar la alarma. No serían encontrados hasta la mañana siguiente en el cambio de turno.

Con calma, los ladrones se dirigieron a la sala de los holandeses, cortaron las pinturas para sacarlas de los marcos, pero no parece que las enrollaran, pues no se encontraron restos de pintura en el suelo. Los ladrones sabían lo que querían, pues se permitieron el lujo de desdeñar, entre otras, una obra del mismo Boticelli.

Además, se llevaron la grabación de las cámaras de seguridad en la que se veía el robo, aunque dejaron la de las horas anteriores

Los ladrones

Pasado un tiempo el FBI decidió hacer pública la imagen del misterioso visitante del día 17, para ver si alguien podía ofrecerles más datos.

En la actualidad se conoce la identidad de los ladrones, que lamentablemente fallecieron por otras causas, sin dejar pistas sobre dónde pueden estar las obras robadas.

Durante un tiempo el FBI pensó que Robert Gentile, un mafioso encarcelado por tráfico de drogas y venta de armas, de más de 80 años podía estar en la trama, pero él siempre lo ha negado.

El escenario

Isabella Steward Gadner, mujer de ascendencia irlandesa, fue la esposa de John Lowell Gadner, un rico heredero de comerciantes de Boston que hizo fortuna en las Indias Occidentales. Fenway Court, era su residencia habitual, una imitación de un palacio italiano del s.XVI, con cuatro plantas. En 1903 Isabella decidió abrir el museo al público, hasta su muerte a los 85 años, en 1924 ella residió en la cuarta planta.

En la actualidad el museo cuenta con más de 2500 obras de arte procedentes de todos los continentes en diferentes épocas.

Diferentes teorías

El FBI piensa que las obras robadas no han salido de los Estados Unidos. Hay quien mantiene que el IRA está tras el robo. El director de seguridad del Isabella, dice que además de su estrecha comunicación con el FBI, recibe muchas llamadas prometiendo pistas, incluyendo la de un psíquico que se ofrece para ponerse en contacto con el espíritu del Isabella Stewart, o unos zahorís que ofrecen sus varillas para localizar el tesoro.

Sin embargo, las máximas esperanzas están puestas en el llamado “Indiana Jones” del arte, un detective holandés que en realidad se llama Arthur Brand.

Pese al romanticismo con el que la mayor parte de la sociedad contempla los robos de arte, quizás porque suelen ser robos limpios, en los que se sustraen objetos de lujo a los que la mayoría de nosotros jamás podremos acceder y a la imagen del ladrón enamorado de la belleza de una obra de arte.

Debemos tener en cuenta que la mayoría de este tipo de robos se realiza por las mafias, traficantes de armas, drogas o personas, con el fin de saldar deudas, o en muchos casos de utilizarlas como medios para reducir sus penas en caso de ser apresados. En la actualidad Al Qaeda, el ISIS, las mafias rumanas, y también el IRA y la mafia italiana están tras la mayor parte de los más de 3185 millones de euros en los que se valoran los robos de arte al año.

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