El dato, no por esperado o sospechado, deja de impactar a los mercados y a la gente en general. Fue divulgado el martes 16 por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos y, de su informe, se concluye que el mayor empuje vino por el lado de transporte y alimentos, dos rubros que impactan fuertemente el bolsillo de todos los ciudadanos.

El lunes, el Presidente Macri se habí­a adelantado a la difusión del dato anunciando que, para marzo, se esperaba "un pico".

Después del cual comenzaría a bajar gradualmente. Sin embargo, la mayoría de los técnicos y analistas consultados han estimado que abril será otro mes de alta inflación, teniendo en cuenta que se han seguido registrando subidas en tarifas públicas, como el transporte y combustibles, a la que se sumará la del gas en estos dí­as. El fenómeno de esta inflación tan alta, en un gobierno que llegó poniendo especial foco en este aspecto y que incluso en plena campaña expresó que era un fenómeno relativamente fácil de contener, es multicausal.

Las causas (algunas) de la inflación

Por un lado, impacta fuertemente el brutal ajuste de las tarifas públicas generadas a raí­z de la eliminación de subsidios a los consumidores en Capital Federal y parte de la Provincia de Buenos Aires. Desde que asumió el actual gobierno, el coste de subtes, trenes y colectivos, aumentó más del 200%; el coste del agua y saneamiento subió entorno al 500%; mientras que el coste del gas ha sido superior al 1000% y el de la luz al 1600%.

También impacta de manera notable la continua devaluación del peso, experimentada en forma consistente desde mayo de 2018, cuando el precio de la moneda norteamericana subió de 18 a 20 pesos, y luego continuó en una espiral ascendente, que hizo que en septiembre llegara a superar los 40 pesos argentinos. Luego bajó y se mantuvo por debajo de esa cifra lo que restaba de 2018, pero actualmente, con fluctuaciones, se encuentra en los 43 pesos.

Finalmente, no es menor el componente psicológico de la economía. En el caso de Argentina, que ha pasado por experiencias muy recientes -y dolorosas- de hiperinflación, parece haber un convencimiento de que la misma será estructuralmente alta, especialmente por parte de las empresas que tienen capacidad de incidir en la fijación de precios, y no dudan en trasladar esta incertidumbre a las personas. Hasta ahora, todos los ensayos del equipo económico por ponerle un freno a esta escalada, han sido infructuosos.

Lo que vendrá

Este miércoles se anunciará una nueva medida: un plan de congelación de precios, de seis meses de duración, de ciertos productos básicos (alimentos, productos de limpieza, etc) con las empresas productoras y distribuidoras. No es una medida que al gobierno le resulte agradable, debido a lo que significa la intervención en el mercado; pero es una medida políticamente necesaria para ver si logra calmar un poco la preocupación y angustia de los ciudadanos comunes y corrientes que ven cómo se licúan sus ingresos.

También para un gobierno que está fracasando en el área que, supuestamente, más domina: la Economía.

A esto se suma que el Banco Central, desde el lunes, interviene en el mercado de cambios, vendiendo 60 millones de dólares diarios hasta fin de año con lo que se espera frenar, o al menos atenuar, la devaluación del peso.

Ahora habrá que ver si estas medidas tienen la eficacia que hasta ahora no han tenido, especialmente en términos de generar confianza; o si, por el contrario, como viene sucediendo desde diciembre del 2017, el empuje inflacionario es más fuerte que la capacidad del gobierno de hacerle frente.

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