La mandarina es fruto del mandarino, árbol de la familia de las Rutáceas, muy parecida al naranjo, aunque algo más pequeño y delicado. Su corteza es fácil de pelar y segrega un buen aroma, ya que se encuentra repleta de glándulas oleosas hundidas. Posee pulpa acuosa, refrescante y de sabor dulce, que se divide en aproximadamente 12 gajos, que, dependiendo de la variedad, llevan semillas o no en su interior.

Las variedades más corrientes son: clementina: muy tierna, jugosa y fragante. Valencia: Esta es la más común, más achatada, muy dulce y con corteza lisa, fácil de pelar, de color más amarillo anaranjado y más aromática.

Mejora tus huesos y evita los resfriados

Aprovecha su temporada y procura que no falten en tu mesa porque un consumo apropiado de mandarinas puede ayudarte a prevenir los catarros y demás afecciones gripales, así como favorecer la absorción del hierro.

Tomando cuatro mandarinas cubres las necesidades diarias de vitamina C. Esta fruta también contiene provitamina A. En cuanto a minerales, es como todos los cítricos, especialmente rica en calcio, por lo que ayuda a mejorar la salud de tus huesos y mantenerlos en buen estado.

Baja en calorías y efecto saciante

Su aporte calórico es bajo, especialmente la variedad Clementina, es muy rica en fibra, lo que favorece el tránsito intestinal y además provoca cierta sensación de saciedad. Por este motivo, no hay que dudar en tomarla si quieres una dieta de adelgazamiento.

La mandarina también posee componentes impalpables responsables de su aroma, entre los que destaca el limoneno, una sustancia que podría revelarse como eficaz anticancerígeno.

Lo que aporta al cuerpo

Tan solo 100 gramos de esta exquisita fruta contribuyen a tu cuerpo con:

Energía (kilocalorías) 37

Hidrato de carbono 9

Fibra total en gramos 1.7

Vitamina A (microgramos) 142

Vitamina C (miligramos) 35

Calcio (miligramos) 36

Magnesio (miligramos) 11

Consejos para comprarlas bien

Es importante saber que, a la hora de comprar, su color no es indicativo de su grado de madurez.

Lo que si es necesario fijarse es en su olor, más dulce e intenso cuando más madura esta la fruta. En cuanto a su jugosidad, lo mejor es comprobar si es pesada o no según su tamaño, si es así, es posible que sea muy jugosa.

En el momento de la adquisición, las mandarinas tienen que estar más bien duras, ya que deben haber sido recolectadas antes de haber madurado completamente. Se hace así porque si se dejan en el árbol después de haber alcanzado su punto óptimo de madurez, la pulpa pierde acidez, contenido de zumo y sabor.

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