La luna, ese misterioso satélite generador de innumerables preguntas para los científicos y que ha sido y es fuente de inspiración para otros tantos artistas, interviene en curiosos aspectos de la vida de nuestro planeta.

Desde la antigüedad la astrología ha estado presente en la agricultura, invitando a atender las fases de la luna a la hora de tomar decisiones sobre el cultivo. Por ejemplo, en la fase de cuarto creciente se ha demostrado que las semillas de cultivo biológico germinan en tiempo, ya que se produce un mayor movimiento de las aguas en el subsuelo y éstas penetran en la misma de forma más intensa, favoreciendo su desarrollo.

La disponibilidad de lunar va en aumento, por lo que favorece también al follaje.

Sin embargo, en períodos de luna menguante, los agricultores han comprobado que es recomendable, mejor que plantar, trasplantar, pues esta fase de la luna favorece al enraizamiento. En el cultivo de hortalizas y verduras, muchos agricultores recomiendan que cuando se trate de cultivo de tubérculos se haga en la fase menguante, mientras que para las hortalizas o verduras de hoja, se inicie el cultivo durante la luna creciente.

La luna no sólo regala su influjo sobre las plantas y el agua, sino también sobre las diferentes especies de animales y sobre el ser humano. No se sabe la razón, pero el crecimiento del pelo también está sometido a la misteriosa influencia de este peculiar satélite, del mismo modo que la cicatrización de las heridas.

Se ha comprobado, que en la fase de luna menguante las heridas cicatrizan de forma más rápida, por lo que se convierte en un buen momento para realizar intervenciones quirúrgicas, por ejemplo.

En luna llena también se ha comprobado que aumenta el número de nacimientos, tanto en animales como en personas. Otra curiosidad la encontramos en las fecundaciones. Las que se producen en cuarto creciente ofrecen nacimientos de cachorros o bebés más fuertes y en mejores condiciones de salud (siempre que no existan complicaciones especiales que hayan o estén afectando al desarrollo normal de feto).

En base a esto y otros muchos ejemplos en los que la luna no deja de sorprendernos, se ha ido creando a lo largo de los siglos una serie de creencias o supersticiones que han condicionado el momento para realizar numerosos rituales religiosos o esotéricos. En definitiva, se cree que todo aquella liturgia que promueva el aumento de un deseo debe realizarse en fase de luna creciente y, el que pretenda limpiar o eliminar lo que nos hace daño o no queremos, se hace durante la fase de luna menguante.

La luna llena es el momento de máxima plenitud luminosa en la tierra del satélite y se asocia a todo aquello que ha de culminar en la realización total del objeto deseado o de la petición, al igual que en fase de luna nueva, se recomienda no hacer nada y permanecer tranquilos, pues la luna nos abandona ocultándose entre la oscuridad de nuestro cielo.