La revista científica Nature vuelve a ofrecer noticias del objeto astronómico 1I/2017 U1. Así se le conoce en el medio especializado, pero para hacérnoslo más cercano y fácil de reconocer, también nos ofrecen un nombre pronunciable, sin cifras: Oumuamua. En hawaiano significa “mensajero que llegó primero” y se trata de un cometa que viene de algún lugar muy lejano y exterior a nuestro sistema solar. Esta es la hipótesis que gana enteros tras el análisis de los datos de su velocidad y trayectoria.

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Un extraño objeto visita nuestro sistema solar y sale despedido

El reciente artículo de Nature, consultable públicamente y no solo en la publicación en papel, está dirigido por Marco Micheli, de la Agencia Espacial Europea (ESA), acompañado de 16 científicos más. Tras analizar los datos recogidos por diferentes observatorios, este grupo de investigadores apuesta por identificar Oumuamua con un cometa y no un asteroide. Curiosamente, es la primera denominación que recibió, al ser descubierto el 19 de octubre de 2017.

Cotidianamente, diversos ingenios escanean nuestros alrededores, siguiendo las órbitas de muchos cometas y asteroides. Hasta ahora, todos los conocidos parecen tener su origen dentro de nuestro propio sistema solar. Siguen órbitas definidas y sus tamaños son muy dispares.

Todo cambia el año pasado, cuando un extraño objeto alargado, de unos 400 m de largo, entra en una órbita hiperbólica en trayectoria a las cercanías del sol. Algo así solo podía significar que estábamos ante la presencia de un objeto que provenía de fuera de nuestro sistema.

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Las primeras estimaciones apostaron por un sistema de dos estrellas (binario) o la estrella Vega.

Primero se habló de un cometa, pero no se observaba la característica de “cola” de gases y polvo que los suelen acompañar. Se pasó a definirlo como asteroide, con una superficie endurecida por un viaje de millones de años, seguramente compuesto por roca y metal.

Pero algo sucedió cuando se acercó al Sol. Su trayectoria y su velocidad de alejamiento del astro rey no eran las que predecían los modelos científicos. Algo había aportado una velocidad extra y desviado el camino. ¿De qué pudo tratarse?

Un misterio que comienza a esclarecerse

Micheli y sus compañeros apuestan por denominar, de nuevo, a Oumuamua como un cometa. Solo así se explican el cambio de ruta y la aceleración extra a la hora de abandonar el sistema solar.

Un cometa se compone de roca y hielo. Al acercarse a una estrella el hielo se evapora y forma una cola de gas y polvo. Efectivamente, esa cola no se observa en nuestro protagonista. Sin embargo, podría ser muy tenue o estar formada solo por gas.

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Al acercarse al sol, los gases se liberan y empujan al cometa en dirección contraria a la fuente de calor. Por eso la trayectoria y la velocidad de salida se alterarían a la hora de abandonarnos.

Una oportunidad única que seguirá arrojando preguntas

Por ahora es la hipótesis más firme. Oumuamua sería un curioso cometa sin cola visible, con millones de años de viaje, con una superficie rojo oscuro, bruñida por la intemperie del espacio exterior, con una curiosa órbita elíptica (respecto a nosotros, que lo observamos) y con origen lejos de nuestro sistema planetario.

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Su paso cercano fue seguido por diferentes observatorios, sin dar tiempo a un acercamiento con algún satélite. Quizás la próxima vez podamos lanzar uno y conocer más de nuestros vecinos lejanos, aprovechando una oportunidad que, quizás, no se repita en millones de años.

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