No, no son las declaraciones de un extravagante personaje televisivo, sino una de las conclusiones de un estudio científico que, hasta la fecha, ha sido cotejado por estudiosos independientes, pero no refutado.

Los autores son 33 investigadores, que han publicado el artículo titulado ‘Cause of Cambrian Explosion - Terrestrial or Cosmic?’ en la revista Progress in Biophysics and Molecular Biology. Y su estudio se publica tras haber pasado distintos controles, uno de los cuales fue una serie de investigaciones independientes a lo largo de un año.

El pulpo, ¿un extraterrestre directo al plato?

El ejemplo de este cefalópodo es uno de los asumidos por el estudio.

Vistos los datos actuales sobre su evolución, nadie acaba de explicarse cómo ha cambiado tanto en tan poco tiempo. Desde su antepasado primitivo hasta la forma actual hay un cambio tan drástico y una especialización tal en varios sistemas que no es posible hablar solo de una evolución ventajosa o una adaptación progresiva.

Se citan 3 características que parecen haber aparecido en la especie de la noche a la mañana: un complejo sistema nervioso, sofisticados ojos y la capacidad de camuflarse. Que todas ellas hayan aparecido de repente es algo que sigue llamando la atención a la comunidad científica, sin que exista una respuesta convincente. Sobre todo ahora que, tras la secuenciación del ADN del pulpo y la publicación de su genoma en 2015, se sabe que estas 3 características no aparecen en sus antepasados.

El estudio plantea dos nuevas hipótesis y ambas afirman que el pulpo se diferencia de su antepasado por aportaciones extraterrestres: una posibilidad es que al ADN del antepasado se le añadieran nuevos conjuntos de genes insertados por virus no terrestres; la otra es que, directamente, la especie haya venido, criogenizada, en esporas latentes que han viajado por el espacio a bordo de meteoritos.

Esta es una de las aportaciones más polémicas de la publicación que, de momento, se ha recibido con reticencias y críticas, pero sin ninguna refutación seria.

Un nuevo paradigma para entender la vida

El artículo trae a colación la hipótesis de la panspermia, la posibilidad de que la vida, o sus fundamentos microscópicos, viaja por el espacio, se desarrolla en múltiples escenarios y asume diferentes formas.

Pero la radicaliza al decir que formas de vida desarrolladas y completas podrían saltar de un planeta a otro.

Ya no tendríamos los “ladrillos” que la posibilitan a bordo de cometas y asteroides, sino que se contempla la opción de que organismos completos vayan a bordo.

El origen de la vida en la Tierra sigue siendo parte del misterio, con hipótesis que van desde la formación aquí hasta la que admite la aportación extraterrestre (en meteoritos). Con estas nuevas disquisiciones, la Tierra se convierte en un lugar apropiado y privilegiado, con una vida multiforme y riquísima, pero la misma galaxia sería un hervidero de moléculas y organismos que están en movimiento por el espacio.

A partir de este estudio, y siempre con las debidas reservas, podremos repetir las palabras de aquel querido personaje de ‘Jurassic Park’, el doctor Ian Malcolm, cuando decía que “La vida se abre camino”.

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