Es una imagen increíble. La foto, traída desde Curon, la serie de Misterio italiana que presentó Netflix, es tan real como fascinante. No es una creación febril de un director de cine.

La historia detrás de esta imagen luminosa del “campanario en el lago" de Curon, es mucho menos idílica. Los vestigios románicos del siglo XIV son un testigo silencioso de la construcción de una represa inmediatamente después del final de la Segunda Guerra Mundial que engullió dos pueblos.

Curon Venosta tiene una triste historia que alimentó una leyenda

La pequeña aldea de Curon está situada en el Tirol del Sur en la zona de Val Venosta.

Una región donde se hablaba alemán, perteneciente al imperio Austro Húngaro, que fue integrada a Italia a finales de la Primera Guerra Mundial. Luego, con la llegada del fascismo se italianizaron los apellidos y los nombres de los lugares, se prohibió el alemán como idioma oficial de la escuela y el Gobierno, el nombre Tirol fue eliminado y reemplazado por el término Alto Adige.

La zona fue signada para construir la más grande represa hidroeléctrica de Europa. Un megaemprendimiento que inicialmente pensaba construir un lago artificial, el Lago Reschen. Pero el proyecto siguió creciendo y la cota de profundidad establecida en 5 metros se elevó a 22. Finalmente se unieron dos lagos naturales tragándose literalmente casas y granjas, ante los ojos espantados de los habitantes del “viejo Curon” y de Resia, otra aldea contigua.

Inexistentes campanas suenan en la noche de frío alpino

Fueron 150 las familias que debieron ser evacuadas, a las que se les construyeron casas precarias y se les pagó pobremente el desarraigo. Muchos emigraron definitivamente.

Luego de 70 años, de ese pueblo anegado queda la torre de la antigua iglesia, un resto desacompasado, atónito y bello en un paisaje de ensueño de altas montañas y un lago azul profundo.

Se trata de la torre de la iglesia de Santa Katharina, construida en 1357. Las autoridades sacaron las campanas, pero eso alimentó una leyenda más a las tristezas locales: es posible escucharlas en medio de la noche, cuando en pleno invierno el lago se congela y se llega caminando hasta los pies de la torre hierática.

Hoy Curon tiene solo cuatrocientos habitantes donde la mayoría posee una granja, ganado y un pedazo de tierra. Algunos van desde Suiza en busca de trabajo, o en invierno a las estaciones de esquí. Para los ancianos y sobrevivientes de aquellos años las heridas aún están abiertas y hay muchas iniciativas para mantener viva la memoria y la historia. Inclusive, en el año 2012 se secó la parte del lago donde se erige el campanario y se reparó la torre de los daños sufridos por la inundación, las grietas y los movimientos de terrenos.

Curon, la serie, se transformó en un hallazgo inexplicable para Netflix

El campanario sumergido, la oscura historia de Curon y la leyenda de las campanas que suenan en la noche fueron suficientes para atrapar la atención de Ezio Abbate, Ivano Fachin, Giovanni Galassi y Tommaso Matano, quienes crearon para Netflix la serie homónima de siete capítulos.

Curon, sin publicidad y tan inexplicable como su historia, trepó al podio de las producciones más vistas de Netflix, desde el primer día de su lanzamiento.

Hoy, el pintoresco campanario del lago de Curon ha sido puesto bajo protección del Departamento de Bellas Artes regional y es el símbolo del municipio. Se convirtió en un imán para los turistas, que flashean de escuchar sus tenebrosas campanas, deseosos de llegar caminando a los centenarios muros de Santa Katharina para llevarse de recuerdo a casa una historia para no dormir.

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