Los constantes cambios sociales nos plantean el reto de mantener una convivencia en una realidad diversa y plural en la que todos tengamos cabida, integrando y respetando nuestras diferencias.

La mediación comunitaria [VIDEO] es un instrumento que pretende conciliar estas diferencias mediante soluciones dialogadas aprovechando los conflictos que puedan aparecer para fortalecer las relaciones, evitando que deriven en la violencia y fomentando por el contrario una mayor cohesión social, desde recursos, servicios y programas creados por las instituciones públicas por y para todos los miembros de la sociedad.

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En primer lugar, debe distinguirse el conflicto comunitario de la intervención comunitaria. El conflicto comunitario afecta a la capacidad relacional de las personas en el ámbito público y es producto de una comunicación deficiente, negativa o violenta entre las partes.

Existe el riesgo de que se incorporen otros sujetos y de que llegue a cronificarse. La intervención comunitaria es la herramienta preventiva y transformadora del conflicto, que establece acciones pro-activas y programas estables para lograr su objetivo.

Tipología de los conflictos

Los tipos de conflictos más habituales que son objeto de la mediación comunitaria son los siguientes:

  • Conflictos vecinales. Vienen generados por ruidos, humos, el uso de elementos y espacios comunes, problemáticas con las mascotas, la gestión de la comunidad de vecinos y, en general, por la falta o mala comunicación entre los vecinos.
  • Conflictos interculturales. Diferencias de valores, intereses y actitudes o pautas de comunicación entre miembros pertenecientes a orígenes culturales distintos.
  • Conflictos religiosos. Entre comunidades religiosas diferentes o entre éstas y los ciudadanos tanto por el uso del espacio público en celebraciones y eventos, como por el uso de los mismos centros por las actividades que se realicen en ellos.
  • Otros conflictos que afectan al derecho a la no discriminación. Por razón de género, orientación sexual, edad, libertad de pensamiento, raza, personas con alguna discapacidad.
  • Conflictos derivados del uso del espacio público. Entre personas o grupos que tienen intereses diferentes por razones culturales, generacionales, religiosas, etc., y por el uso inadecuado o irrespetuoso de espacios públicos comunes.

Atendiendo a la razón que genera los conflictos, podemos clasificarlos entre:

  • Conflictos de identidad. La construcción de la identidad social de personas o grupos por contraposición con la de otros. Recaen en lo que socialmente se es.
  • Conflictos de valores. Sobre todo los de tipo cultural, en los que cada grupo tiene una visión propia y diferente frente a una misma situación. Recaen en lo que se cree.
  • Conflictos normativos. Cuando en una misma situación confluyen pautas de comportamiento que responden a estilos de vida diferentes. Recaen en lo que se hace.
  • Conflictos de intereses. Pueden ser intereses económicos, cuando está en juego el control de los recursos, o intereses políticos, en los que está en juego el control del poder. Recaen en la situación social que se ocupa.

Según los participantes, pueden ser conflictos:

  • Interpersonales. Se dan en las relaciones de persona a persona
  • Intragrupales: entre los miembros de un mismo grupo o comunidad. Por ejemplo en la gestión de la comunidad de vecinos.
  • Intergrupales: se producen entre grupos. Puede tener su causa en maneras de pensar diferentes, prejuicios, disputas territoriales. Son los casos de conflictos culturales o religiosos por ejemplo.

La correcta clasificación del conflicto es una premisa necesaria para abordarlo desde la perspectiva adecuada y aplicar las estrategias más idóneas que ayuden a transformarlo y a llegar a una solución.

Fases del proceso de mediación

La mediación es un proceso flexible pero estructurado que sigue unas fases.

  • Inicio. Con la presencia de las partes implicadas el mediador explicará en qué consiste la mediación, su funcionamiento y las reglas del juego. Recogerá las percepciones que tienen sobre la causa del conflicto, de su desarrollo y de la situación actual.
  • Planteamiento inicial. Tras la sesión informativa, el mediador decidirá sobre la idoneidad o no de iniciar el proceso. En caso afirmativo, será necesario que las partes consientan explícitamente en la voluntad de mediar. Serán informadas de la importancia de respetar los turnos y el punto de vista del otro. El mediador favorecerá que los implicados expresen sus opiniones sobre el tema, sus necesidades y sus expectativas. Esto permite que se desahoguen y que al mismo tiempo tomen conciencia de la posición del otro. En caso de considerarlo necesario, el mediador podrá proponer sesiones particulares con cada una de las partes, con el fin de profundizar y adquirir una visión global de lo que acontece.
  • Definición conjunta del problema. A partir de las explicaciones de cada persona y/o grupo implicados, se tratará de construir un relato compartido, común y aceptado a partir del cual puedan empezar a surgir ideas para encontrar posibles soluciones
  • Búsqueda de nuevas opciones. Reformulación de las posiciones y de los intereses, necesidades y deseos de ambas partes. El mediador utilizará sus habilidades para incentivar la creatividad y la empatía con el fin de que surjan nuevas ideas y ampliar el abanico de posibilidades dirigidas a encontrar un acuerdo consensuado.
  • Elaboración de acuerdos Se recogen las soluciones y alternativas propuestas y se insta a las partes a optar por elegir entre ellas para formular el acuerdo final.
  • Cierre del proceso. Se formaliza por escrito el acuerdo, que deben firmar ambas partes, comprometiéndose a cumplir y mantener la decisión acordada.

En el mismo acuerdo es aconsejable incluir un proceso de seguimiento para evaluar su eficacia y poder realizar las modificaciones oportunas en el caso de que se produzcan cambios en la situación.