Es tan natural y común que hemos perdidos las verdaderas porciones de sus beneficios y no lo aprovechamos al máximo. La luz natural es uno de los elementos ecológicos menos considerados; al menos así lo afirman los expertos, quienes atribuyen muchas de las actitudes negativas de las personas (incluso el mal humor) a la poca importancia que se le da a esta maravilla natural.

Vivimos en un mundo electrónico y extremadamente mecanizado, en el cual ya no hay tiempo ni siquiera de disfrutar de un rayo de Sol cuando salimos del trabajo, porque el tiempo solo alcanza para ir al supermercado y llegar rápido a casa para preparar la comida.

Las enfermedades virales modernas, el estrés, la fatiga y el deterioro de las defensas en el organismo son las consecuencias de no tener una buena dosis de luz solar.

Mucho más que una vitamina

De acuerdo a estudios, los efectos biológicos de la luz solar no pueden ser sustituidos por los de la luz artificial. Uno de los efectos irremplazables es, por ejemplo, el metabolismo de la vitamina D y del calcio que genera la luz que emana el sol.

Es más, los rayos ultravioleta poseen una acción esterilizante y antiinfecciosa, pues combaten con gran efectividad ciertos microorganismos presentes, sobre todo, en niños recién nacidos.

Se conoce también la UVA terapia, que consiste en la aplicación de estos rayos más un medicamento suministrado por vía oral para contrarrestar los afectos del psoriasis.

Sin embargo, la luz solar en exceso, como todo, es nociva para la salud; de ahí que las advertencias preventivas con respecto al bronceado sigan vigentes, sobre todo si tomamos en cuenta que las condiciones atmosféricas cada vez están más atrofiadas por la misma acción del hombre.

Nutrición ocular

Los ojos son los que más necesitan de los efectos de la luminosidad natural para estar siempre bien, estudios indican, que los ojos sanos pueden seguir gozando de una excelente salud con la alternativa de la luz y la sombra, pues necesitan de la primera, para estimular la sensibilidad de la retina y para aumentar la circulación sanguínea, pero así mismo requieren de un merecido reposo en la oscuridad nocturna.

En la población primitiva, entre los indígenas, no existía la miopía, mientras que hoy los niveles de esta anomalía son altísimos. Es inevitable que esta diferencia no provoque una interrogación. Es lógico preguntar cuántas veces una persona mira a su alrededor en un día y solo tiene un panorama citadino y cuantas logra recrear su mirada con paisajes y horizontes lejanos.

El uso de nuestra vista generalmente es incorrecto. Ni siquiera se cuenta con las normas mínimas a la hora de escoger las cosas que nos rodean. Nunca tenemos en cuenta qué tipo de vidrios hay en nuestra casa, si absorben poca o mucha luz.

Se recomienda es permitirse una recreación visual a diario, también permitirse “ver” bien y más allá de las cosas que habitualmente reconocemos visualmente; de esto depende que los ojos no se atrofien por el uso limitado y poco práctico que les damos cotidianamente.

Buen humor

La luz natural no sólo interviene en las funciones puramente físicas, sino que también es un factor benéfico para el estado de ánimo. El sol trasmite euforia particular y está confirmado que, en los países de escasa exposición solar, el número de suicidios es más alto.

Con una verdadera terapia de luz se viene curando a las personas que sufren de un particular tipo de depresión, que surge primordialmente en los meses de invierno.

El tratamiento se hace con una lámpara de luz solar particularmente intensa. Los resultados son sorprendentes.

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