En España se ha convocado una huelga que buscará dar mayor voz a las #mujeres ante la presencia de abusos y limitaciones impuestas por el género masculino, sin embargo, debemos ser claros, este no es el único país donde aún se registran expresiones del machismo exacerbado que ha permeado a la sociedad occidental desde su fundación.

El feminismo como reivindicación humana para mujeres y hombres

No sólo a través de la violencia simbólica expresada en los halagos "inofensivos" que algunos hombres suelen ofrecer a las mujeres, como si estas salieran a las calles para ser vituperadas por desconocidos; el machismo también adquiere forma en una equidad disfrazada con el sexismo de nuestra sociedad.

Ahora las mujeres tienen acceso al voto y tanto en España como en diversos países pueden laborar en trabajos que anteriormente se consideraban exclusivos para el género masculino; poseen la libertad de elegir sobre su cuerpo y no requieren la compañía de un hombre para edificar la estructura de un núcleo familiar, como alguna vez se dictaminara por la iglesia católica.

Sí, es cierto, actualmente ellas poseen más #derechos, pero también es necesario analizar la concesión de estos mismos con una mirada crítica y objetiva: incluso cuando pueden acceder a otro tipo de trabajos, es obvio que no perciben el mismo ingreso que los hombres, aún cuando desempeñen exactamente las mismas tareas.

Al respecto, es obvio que las empresas deberían conceder un sueldo equitativo a menos que cada uno (sea hombre o Mujer) demuestre poseer un mayor número de capacidades y actitudes para realizar su trabajo, ante lo cual podría entenderse la diferencia de ingresos, y claro, sería una situación justificable, pero, de no ser así, es requerimiento indispensable fomentar las mismas oportunidades en cualquier espacio laboral, un objetivo que se ha dejado de lado tanto en España como en otros países.

Bajo el mismo tenor, incluso con el derecho a elegir sobre su vida y su cuerpo, cada mujer debe enfrentar los prejuicios de la sociedad, los estigmas y represiones. "Puedes, pero no debes", es la consigna que somete en gran medida cualquier acción, se relacione con un plan de vida, el trabajo, la expresión de necesidades, o cualquier otro ámbito.

Precisamente por este motivo debemos entender el #feminismo como reivindicación humana: más allá de la raíz etimológica, el movimiento (ahora consolidado como filosofía y paradigma) pretende construir una sociedad más equitativa, donde hombres y mujeres tengan las mismas oportunidades y puedan hallar su propia realización sin ser limitados por factores como el género, los estereotipos o prejuicios sociales.

Busca no sólo la construcción sino la deconstrucción de los hábitos, las formas de pensar y los modelos que nos lleven a manifestaciones más críticas y conscientes.

En este sentido, principalmente los hombres, deberíamos aceptar que las bases de toda relación humana no pueden centrarse en el "qué", sino en el "quién", reconociendo a cada ser humano como sujeto activo, y no como objeto a disposición de los otros.

Porque la mujer, las mujeres (puesto que también hay una diversidad de papeles y no sólo un estereotipo), están ahí para preguntar, criticar, cuestionar o transformar los dogmas que han conducido a la sociedad por un camino flanqueado de injusticias y contradicciones.

Siguiendo los pasos de España

El 8 de marzo, dejando de lado su origen, debe considerarse un día para reflexionar la posición de la mujer en el mundo y no sólo una excusa más para celebrar.

Las tarjetas, los regalos y los mensajes con halagos son detalles que no plantean ningún cambio, y donde no existe la duda o la crítica tampoco puede suscitarse la transformación. ¿Un día para conformarnos con los derechos que ahora poseen? Parece insuficiente cuando en realidad deberíamos formular un sin fin de preguntas.

¿Cuántos abusos sufren al día por ser consideradas "el sexo débil? ¿Tienen las mismas oportunidades en tanto seres humanos o sus logros se ven eclipsados por la "generosidad" masculina, misma que les impide realizar sus mayores objetivos? ¿Qué tan dispuestos estamos, nosotros los hombres, para aceptar una sociedad más humana?

En resumen, ¿deberíamos seguir los pasos de España, con una huelga internacional para reclamar el respeto que aún debemos a la mujer, y como una oportunidad para plantear los avances y retrocesos, porque es obvio que estos, en pleno siglo XXI, se siguen presentando en un sin número de naciones?

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