Aunque desde que fue vencido por Edmund Hillary y Tientztsing Norgay, el 29 de mayo de 1953, son docenas las expediciones internacionales que han coronado el Everest, y la expedición cívico-militar española fue la quinta de nuestro país en coronar la cumbre, lo cierto es que las espantosas dificultades en coronar "el techo del mundo" hacen de este un reto colosal contra el que se sufren más fracasos que éxitos.

Las estadísticas: de cada 10 expediciones 9 fracasaran en coronar la cumbre, aún con la tecnología de hoy día, desde que los años 20 del pasado siglo, 265 escaladores han perecido al intentar desafiar al Everest.

Las cifras de lisiados ni se cuentan.

Solo entendiendo las terribles dificultades que esta empresa conlleva se puede entender lo difícil de coronar "el tercer polo de la tierra".

En la altura no se muere, se está muerto

La escalada de montaña tiene múltiples riesgos: caídas, barrancos, grietas, quebradas, aludes, nieves corredizas, etc. Todos los elementos de un entorno hostil pero el más grave y peligroso es la misma altura en sí, pues por encima de los 6.500 metros se inicia lo que los escaladores denominan "la zona de muerte". Ésta ha costado más vidas a los alpinistas que ninguna otra adversidad, pues a partir de esa altura y mientras se asciende el cuerpo humano empieza a deteriorarse.

Los síntomas son claros: los pulmones solo aprovechan 1/3 del oxigeno existente en el aire, la sensación de ahogo aparece al menor esfuerzo, aumenta la fatiga, la visión se vuelve borrosa, el raciocinio y la reacción a los acontecimientos se vuelve más lenta, el tiempo de respuesta se alarga, el metabolismo corporal se altera y la digestión es ineficaz pues los alimentos no se procesan.

De hecho, se suele defecar los víveres tal y como fueron ingeridos, sin que el cuerpo haya podido digerirlos y con ello la sensación de frío y agotamiento se agudiza, pese a la eficacia de la ropa de abrigo.

El cuerpo responde a estas adversidades creando más glóbulos rojos, pero la adversidad es que al volverse la sangre más densa y existir menor presión en altura, es fácil la creación de coágulos en el torrente sanguíneo con el peligro letal que conlleva.

Desde luego los síntomas no son inmediatos y no se dan en estancias cortas por encima de los 6.500 metros, pero aparecen a medida que pasan los días y semanas y su exposición da consecuencias irreparables de persistir.

El récord de permanencia en altura lo tiene el español Fernando Garrido con 65 días de permanencia por encima de los 6.500 en el Aconcagua.

Con equipo completo, atención médica, dieta preparada, equipo de rescate y conectado por radio su aspecto al cerrar su estancia era el de "un esqueleto" dictaminando los médicos que hubiera muerto de solo alargar su récord un par de días.

Es significativo de esto que los más altos asentamientos humanos, en Andes e Himalaya, no estén por encima de los 5.500 metros.

Coronar el Everest. Primero paciencia

Con ello la preparación física y psíquica previa del escalador es vital, así como su experiencia en montaña, el equipo debe ser de primera calidad así como el soporte médico, el uso de campamentos a alturas escalonadas previos a la cumbre es imprescindible y las más de las veces se debe volver de los más elevados a los más bajos ante las adversidades.

El campamento base de la expedición cívico-militar del 92 con hospital tenia una población de 400 personas de diario aunque la expedición solo fueran 17 miembros, el resto gente de otras expediciones que llegaban por atención médica.

Fue así que solo entre etapas en los cuatro campamentos anteriores a la cumbre, dos pasos adelante uno atrás, heridos que quedaban en el hospital el intentos infructuosos que el 15 de mayo de 1992 a las 12:30 del mediodía tres militares, dos civiles españoles y dos sherpas coronaron la cumbre colocando las banderas de España y Nepal en la cima.

La conmemoración

Fue la quinta expedición española que coronó el Everest, y al llegar a los primeros 25 años de esta los participantes que aun viven fueron homenajeados por el ET en una ceremonia celebrada en el Cuartel General del Ejército donde se les premió con placas conmemorativas.

Una gesta que se valora más al saber de sus dificultades.

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