Las dos agencias anti-bulos, Newtral y Maldita.es, fundadas respectivamente por Ana Pastor y Clara Jiménez Cruz, están en el ojo del huracán al ser puesta en duda su imparcialidad a la hora de verificar o desmentir las “Fake News”, sobre todo aquellas que cuestionan la actuación del Gobierno ante la pandemia. Y es que, como cualquier economista diría “sigue el dinero y encontrarás a quien deben lealtad”: Newtral es financiada por LaSexta, además de ser productora de los programas de su fundadora, y Maldita.es, que se vanagloriaba de ser independientes al solo sobrevivir de las donaciones de sus subscriptores, ha dado la casualidad de que recibió 6.000 euros del Gobierno antes de las elecciones.

El hecho de que las dos agencias hubieran sido fichadas por Facebook y Whatsapp (empresa de la primera) para ser las que dilucidaran qué era un bulo y que no causó bastante controversia, y a pesar de que ambas, junto con WhastApp, desmintieran que se estuviera censurando la información, esto solo es cierto a priori. La censura llega a posteriori, cuando todo aquello que salga del discurso oficial es tachado de mentira. A esto le se le suma las inaceptables palabras del General de la Guardia Civil Santiago, que dijo que se estaba monitorizando las opiniones contrarias al Gobierno para minimizar esas opiniones, o las de Isabel Celaá, ministra de Educación, diciendo que las opiniones negativas eran equivalentes a las mentiras.

Después de las declaraciones del coronel Santiago y la ministra de Educación Celaá, se pone el foco en estas agencias

Pero la gran pregunta es ¿son realmente necesarias estás agencias de “fact cheking”? La labor de un periodista siempre ha sido informar de los hechos, previamente contrastados, de una forma veraz e imparcial.

Claro que la objetividad nunca será absoluta, dado que la información sale de un sujeto, y que cada periódico tiene una línea editorial, pero se debe tender a ella. Sin embargo, parece que esta labor de contrastar la verdad se ha dejado en las manos de unos pocos canales “no oficiales”, que dictan qué es verdad y qué es mentira.

Demasiado parecido, aunque ya estemos hartos de escuchar esta comparación (lo cual no quita su condición de visionaria), al Ministerio de la Verdad de George Orwell.

La inmensa mayoría de empresas de “fact checking” del mundo son sin ánimo de lucro, pero Newtral es una S.L. que ha facturado millones por su labor y Maldita.es ha recibido dinero del Gobierno. Lo más preocupante es que su imparcialidad es muy discutible, pues ambas se ha demostrado abiertamente que son de ideología de izquierdas, además de que han sido subvencionadas por televisiones de esta tendencia o por partidos como el PSOE. Todo esto, por su puesto, pagado por el contribuyente.

Newtral y Maldita.es se inclinarían por la izquierda

Maldita.es, que fue asesorada en el principio por Antonio Maestre (periodista de elDiario.es y colaborador habitual de la Sexta, ha tenido que admitir que ha de ampliar sus miras ideológicas. Incluso Newtral y el citado Maestre, que habían hecho una campaña de desprestigio y denunciado al periodista e “influencer” Alvise por supuestas calumnias, han retirado las denuncias y no se han vuelto a pronunciar sobre el twittero, dado que las investigaciones del periodista han dejado en evidencia, no solo la parcialidad de estas empresas, sino su constante ataque a la libertad de expresión y censura, y sus fuentes de financiación “poco éticas”.

Ser una intermediaria entre el medio de comunicación y el público es ser un filtro en la información, comparable al que se hace en las ruedas de prensa en la Moncloa.

Una forma sutil de censura previa o a posteriori (según les dé). A parte, ¿qué derecho les da la potestad de decir que es verdad y qué no?. La existencia de estas agencias desprestigia la labor de los mismos periodistas. Por ello, no son necesarias si es que queremos que la información no obedezca solo a intereses partidistas y manipuladores.

Ciertamente, la mentira y la desinformación campa a sus anchas en Internet, potenciado sobre todo por las redes sociales. Pero no se puede dejar de incidir en el hecho de que es responsabilidad de los medios de comunicación dar la información veraz y de contrastar esta para no caer en la mentira o las medias verdades. Y si cae, que lo rectifique o que el peso de la ley caiga sobre ese medio.

Además, dada la competencia que debería existir entre las diversas televisiones, radios y periódicos, la crítica a otro por mentir es un servicio a la ciudadanía. Aunque, por desgracia, parece que hay una batalla campal entre medios por tachar de mentiroso al otro y no centrarse en hacer su labor realmente bien. Dejemos que los hechos hablen por sí mismos y enseñemos a la gente a informarse mejor.

La autocrítica periodística es la labor más exhaustiva que hay

Ricardo Dudda se pregunta en un artículo en The Objective que por qué les dicen a los periodistas que manipulan si sus intenciones son buenas. En este mundo, donde cada uno crea su moral y, por lo tanto, no hay ningún referente, las intenciones nunca dejarán de estar bajo sospecha.

Por otra parte, una intención buena no hace que el acto en sí sea bueno o que el resultado de este lo sea, solo hay que ir a la Historia para verlo. Y es de un cinismo recalcitrante que la profesión conserve una autoimagen muy positiva, no solo por los latrocinios que se ven cada día en los medios de comunicación, sino porque es una actitud muy poco crítica, incoherente con la labor periodística, y digna de una ingenuidad infantil, o de una maldad propia de manipuladores.

Y el colofón final de Dudda dice que “criticar al periodismo es degradar la democracia”. Dogma del consenso de la verdad, por lo que el deber del buen periodista será hacer una crítica todavía más exhaustiva de su labor. Solo así, dejaremos atrás la mentira y medias verdades, e iremos al encuentro de la verdad.

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