Cuando parecía que la estrella de Adara aún no se había apagado, descubrimos una nueva protagonista de los episodios de vidas reales (irreales para muchos), los llamados reailities televisivos. Se trata de Fani, conocida ya por todos como "¡Estefaníaaaaaa!", entró en el escenario caribeño de “La isla de las tentaciones” junto a Cristofer, su novio desde hacía 7 años.

Parejas a prueba de tentación

Un programa que se basa en poner a prueba la fidelidad o la solidez de las Parejas que concursan, tiene tirón si unos y otros caen en todas las tentaciones que se les presentan, o al menos dudan de sus sentimientos, o se dejan seducir sin sonrojo y sin tener en cuenta que sus parejas se encuentran en otro escenario similar a pocos metros de ellos, conviviendo con tentadores o tentadoras, según el caso.

No es el momento de hacer un estudio comparativo ni mucho menos sociológico sobre la forma en que los hombres o las mujeres protagonistas visionan, junto a la conductora del programa (Mónica Naranjo). Ellas deciden desde el primer día que prefieren ver lo acontecido en la otra casa entre su pareja y las tentadoras, junto al resto de las participantes, animándose entre ellas, agarrándose de las manos en los momentos difíciles y con la cabeza bien alta.

Ellos, más prudentes

Ellos sin embargo suelen ver los videos de forma privada y, en los pocos casos en que deciden compartirlos con sus compañeros, se tapan la cara en las escenas comprometidas o directamente miran al suelo, evitando contemplar el engaño a su nuevo compañero de aventuras.

¿Demasiado para su orgullo, para su ego? Eso en definitiva, no importa tanto como el desarrollo de la destrucción de una pareja, o de la confirmación de la fortaleza de otra. Un espectáculo de los llamados de “telerrealidad” donde lo importante es que alguno sea infiel.

Estefanía fue la primera Eva de ese ficticio paraíso en morder la manzana que le ofrecía su tentador, Rubén, pero el programa tuvo un impacto decisivo gracias al grito desgarrador de Christofer, corriendo por la playa, a oscuras, seguido por los cámaras de televisión que intentaban detenerlo.

“¡Estefaníaaaaaa!” (léase con todas las “aes” que sus pulmones le permitan) ha pasado a la historia (breve historia siempre) de las frases que se repiten en memes, tertulias televisivas y charlas de oficina. Algún espontáneo se atrevió incluso a gritarla en el momento preciso en que se estaba anunciando el Goya a la Mejor Actriz Principal, en la reciente Gala de los Premios de Cine.

Adara Molinero o Adari 'Honestini'

Frente al carácter descarado y falto de perjuicios de Fani, se encuentra la que, hasta que aparecieron los habitantes de la tentadora isla, ostentaba el reinado de los realities más recientes: Adara.

Un alma cándida que también entró en el programa de televisión (Gran Hermano VIP) con una pareja y un hijo recién nacido, pero que parecía haber encontrado el amor, pasadas unas cuantas semanas de encierro, gritos y enfrentamientos, en la figura de un joven seductor italiano (italiano y seductor viene a ser lo mismo, ya saben).

Gianmarco, el afortunado receptor de sus suspiros, besos, y miradas (de ahí prácticamente no pasaron) alargó tanto como pudo ese “affaire” que nunca se llegó a saber si era ficción real o ficción televisada o parte un guión que él escribe junto a su hermano Lucca, el listo de la familia.

El público se posicionó junto a la dulce a la dulce Adara y la hizo ganadora del premio final, poniendo rumbo hacia su vida familiar junto a su pareja y su bebé. Unas semanas de incertidumbre, de “tenemos que hablar”, de “ahora sí a Gianmarco”,ahora sigo con Hugo, mi pareja, padre de mi hijo..”, para volver al “tenemos que tomar decisiones, aún no se qué haré “ y frases por el estilo llena de dudas, de mensajes contradictorios y del italiano que se escabullía intentando alargar una historia que prácticamente ni había empezado.

Quizá por eso o porque la productora encontró un vació entre un programa y el próximo (Supervivientes), el caso es que se ha repuesto con un nombre distinto “El reencuentro” pero con la práctica totalidad de sus antiguos concursantes.

Una forma de intentar estirar la estela de un idilio que parece existir solo por ser televisado, de una Adara que ahora sí, dice haberse decidido por el amore italiano, y por un inocente culebrón cuyos capítulos nos irán sirviendo en pequeñas dosis.

Dos escenarios distintos, el espacio abierto, junto al mar y la naturaleza en una villa llena de comodidades, frente al encierro de una casa asfixiante, con un grupo de personajes de los que poco queda por conocer. Y sobre todo, dos protagonistas femeninas, dos maneras muy diferentes de enfrentarse a la deslealtad, a la infidelidad a sus parejas.

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