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La reducción de la Inmigración es una de las propuestas clave dentro del plan político del partido conservador británico y así lo hizo saber la primera ministra, Theresa May, en una rueda de prensa el pasado 20 de septiembre. Ella aseguró que "detener la inmigración incontrolada de la UE" era una de las líneas rojas que no se podían rebasar dentro las negociaciones sobre el Brexit, ya que la libre circulación de personas iría en contra del resultado del referéndum.

En una de sus propuestas a la Unión Europea, Theresa May expresó su visión de las relaciones futuras entre el Reino Unido y la UE, en la que se establecerían duras restricciones al paso de inmigrantes procedentes de sus miembros.

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Como era de esperar, la UE rechazó dicha propuesta por considerarla impracticable, de modo que las negociaciones al respecto han llegado a una especie de punto muerto.

La inmigración del Reino Unido

Con una población de casi 66 millones en 2017, según la Oficina Nacional de Estadística británica, los inmigrantes suponen alrededor de 13% de la misma, es decir, más de 8 millones de personas, de las cuales la gran mayoría tienen la documentación en regla, habiendo, según The Guardian, entre 420.000 y 860.000 ilegales, quienes llegan de formas completamente legales pero, una vez dentro, alargan sus visados más de lo permitido, siendo esta una de las prácticas más populares.

En cuanto a los países de procedencia, los más comunes son Polonia, Irlanda, India, Italia, Pakistán, Francia, Estados Unidos, Alemania, Portugal y Nigeria. Los motivos por los que tantas personas han decidido emigrar son distintos y diversos, pero en general se debe a que el Reino Unido ha requerido durante años una mayor mano de obra para trabajos manuales o peor remunerados, además de que muchos inmigrantes son jóvenes y vienen a realizar sus estudios a los colegios y universidades británicas.

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Posible empeoramiento de la economía

El impacto que los inmigrantes han generado en el país es positivo, ya que al estar en su mayoría legalizados, con su trabajo contribuyen a financiar los servicios públicos, con el añadido de la riqueza cultural que aportan con su presencia. Evidentemente, hay algunos británicos que han observado la llegada de estas personas como una amenaza, creyendo que por su culpa podrían perder sus trabajos o sus casas.

Hay quienes piensan que una expulsión masiva de inmigrantes podría suponer el empeoramiento de la economía británica, eso sí, viendo las actuales políticas conservadores, todo apunta a que si no se llega a una negociación plausible, éste fenómeno podría comenzar a darse en los próximos años.