Fue en 1985 cuando la canadiense Margaret Atwood publicaba El cuento de la criada, una novela de ciencia ficción distópica que, si bien estuvo nominada para el premio Booker al año siguiente, tardaría alrededor de tres décadas más en obtener el reconocimiento popular a gran escala. Se convirtió en el libro testimonial más vendido en Kindle y Audible del año 2017, por encima de narrativas tan queridas e imponentes como Juego de tronos [VIDEO]o Harry Potter [VIDEO], gracias en gran parte a la famosísima serie de televisión [VIDEO] que recoge esta historia de la mano de la compañía Hulu.

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Cuando Atwood se plantea las razones del éxito repentino de su Criada desde la tranquilidad del salón de su casa, sus pensamientos giran en torno al movimiento revolucionario en el que la sociedad parece estar sumida: "vivimos un momento de ansiedad generalizada, pues gran parte del conocimiento que hemos heredado está empezando a ser cuestionado".

Aunque el contexto que inspiró la odisea de Offred fue bien distinto: entre la espada y la pared que había dividido la ciudad de Berlín, repartiendo el pastel como si de dos cumpleaños ajenos se tratasen, oriental y occidental; cada lado con sus avances tecnológicos, reedificaciones, gestaciones intelectuales y conspiraciones artísticas, desde prósperos directores de cine hasta jóvenes músicos y escritores (como nuestra autora en cuestión), quienes vivían y trabajaban en la Ostberlin ante las turbulencias históricas de la Guerra Fría que había desencadenado la Segunda Guerra Mundial. "Berlín acogió a muchos artistas extranjeros para que no causar la impresión de ser un lugar desolado, ya que mucha gente evitaba residir en la ciudad. Por lo tanto, la recuerdo muy oscura y con muchas viviendas abandonadas", admite Atwood.

La protesta de 'El cuento de la criada' se alza alrededor del mundo

El miedo, el rechazo y la evasión eran tópicos en el cuento que la adolorida Alemania había ido relatando entre ruinas, calles ennegrecidas y balas incrustadas, con los fantasmas de víctimas y verdugos haciendo balance en las grietas de las escuetas paredes sobrevivientes. Allá fuera, mientras, en las lejanas tierras americanas, ebullían las señales de una inicial democracia liberal.

De las conversaciones carcomidas, de los ojos caídos y del cielo a medio abrir o a medio cerrar, Margaret Atwood veía formarse el que hoy se presenta como uno de los auténticos símbolos internacionales de protesta, «especialmente cuando los derechos se están despojando de la Mujer, o al menos se cuestionan constantemente». En julio, por ejemplo, activistas de Buenos Aires se vistieron de rojo y blanco a favor del aborto, y Estados Unidos sigue levantando pancartas repletas de alusiones a El cuento de la criada para exigir salarios equitativos, leyes de protección contra la violencia y la exclusión a la mujer, etcétera.

El grito de lucha, sin embargo, no termina en causas feministas. Atwood reconoce que su implicación en los problemas medioambientales también está presente de página en página en su celebrada novela, como el descenso de natalidad ante el rastro de contaminación desgobernada de la ficticia Gilead, república ambientada, paradójicamente, en Massachussets, seno del progreso. Respecto a la relación entre el creciente cambio climático y la polución que se plasma en su trabajo, la canadiense explica que «lo veía como una posibilidad, el que la demografía se desplomase en un futuro no muy lejano, y que la crisis de fertilidad se viese afectada directamente por el estado del planeta». La narración de la Criada se refuerza incluso con referencias a partidos 'verdes' y espontáneas premoniciones, como el declive de las emisiones de carbono en un 78 % en tres años desde la desesperada administración totalitaria-teocrática.

Detalles de la secuela que está en camino

¿Qué futuro aguarda quince años después de que Offred estuviese sublevada a la servidumbre en una sociedad patriarcal de extrema desesperanza para la libertad? Los testamentos, o la secuela de El cuento de la criada, que llegará a publicarse en septiembre del año que viene y que, por lo que su autora ha podido revelar, estará narrado por tres voces femeninas con el fin de explorar los mecanismos internos y el funcionamiento del estado Gilead. La inspiración, añade Atwood, «es el mundo en el que vivimos. Las noticias se han vuelto mucho más agresivas; veo semejanzas entre ideas que Hitler ha tenido y que ahora empiezan a propagarse, como eso que he oído en Ohio de que la maternidad debería ser obligatoria. Con mi edad, sé que si se adueñasen del poder, podrían conseguirlo. Como todo el mundo, me pregunto qué pasará mañana».

Para los fans a los que se les está haciendo cuesta arriba esperar hasta septiembre, de momento tendrán que contentarse con la portada de Los testamentos, que ya está en manos de la editorial y que pronto se mostrará al público; además de un boletín periódico al que podrán suscribirse para recibir todas las noticias de la próxima ficción en adelante, incluyendo actualizaciones de la misma autora. "Me han dicho que informe como si fuese un diario, algo así como quien se levanta de la cama, se toma un café, revisa su manuscrito...", bromea la escritora, que saltó recientemente en primicia por responder al tweet de un estudiante, subastar nombres de sus personajes en una organización de caridad Freedom from Torture y reconocer no haber negociado con productoras tras vender los derechos de El cuento de la criada a la compañía de cine Metro-Goldwyn-Mayer.

En una realidad cuyo porvenir da vértigo, Margaret complementa sus experiencias con su imaginación: «suelo escribir sobre circunstancias sin libertad ni derechos, y a veces mis obras son realidades crueles». Aun así, no duda en lanzar mensajes de confianza y en hacer de la justicia una ley persistente; por eso, concluye animando a los oprimidos a pisar fuerte ante los opresores, pues «aunque el mundo es cada vez más tremendo, tenemos voces que son poderosas y que tenemos la libertad de usar».