La búsqueda incesante por lo que cause placer y nos haga sentir felices – aunque sea por solo unos cuantos momentos – es algo que podría salir de las casillas de lo normal. Siempre se ha creído que satisfacer la imaginación es la clave para el hambre emocional. La tecnología tal pareciera, que ha logrado mantener ese apetito en control, con el sin número de innovaciones puestas en el mercado digital. Muchas aplicaciones nos mantienen en vilo, con laberintos, retos sobre como esquivar las artimañas de tus enemigos virtuales y muchos son de coloridos temas para el entretenimiento general.

La vida se recompone en miles de horas de juego, donde el apetito voraz se queda quieto, dormido, esperando resurgir en algún momento, con algún recuerdo que evoque la humanidad de la persona.

El instinto primigenio, está dispuesto a erigirse sorpresivamente y la persona queda expuesta a la sinrazón, busca la solución que pueda aquietar a la bestia, que pueda devolverla a la caverna de donde salió sin permiso, y luego de cantar una tonada de mágicas vibraciones, regresará al sueño profundo para recomenzar otro ciclo, en el propio instinto de la persona.

Un masaje al cuerpo y a los deseos

El placer de una mujer es bendito y al mismo tiempo, es real como el pecado – original –. Muchas mujeres buscan satisfacer su cuerpo sanamente sin poner en riesgo su salud. Y en la antigüedad, esta práctica era tan sutil que tenía definiciones propias de la época. A inicios del siglo XX – finales del XIX – estos aparatos para el disfrute de las féminas, estaban registrados en un catálogo, donde entre se publicitaban entre otras cosas, electrodomésticos (EE.UU y Reino Unido).

Piezas de belleza para la intimidad personal

Estos elementos tenían como finalidad, proporcionar beneficios a la salud de la Mujer y eran presentados como aparatos médicos. Estos nuevos objetos en el campo de la medicina, se utilizaban entonces para tratar padecimientos singulares, como dolores, calambres, anemia y la conocida histeria.

La manivela “Pulsocon” así como la “Bola de agarre” fueron aparatos que precedieron a los conocidos vibradores.

Más allá de todo lo inventado, estas piezas no pueden funcionar sin la disposición libre del individuo y la comprensión de una sociedad que este abierta, al placer conferido por el mismo individuo que lo busca, sanamente y sin ningún riesgo que ponga en peligro su salud.

La coquetería bizarra de estos objetos es dignos de representar, el idioma más hermoso de una mujer, el placer propio.

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