Ed Van der Elsken (1925-1990) fue un fotógrafo que replanteó la fotografía documental, o de alguna manera la instantánea “el momento decisivo” como lo había definido Henri Cartier Bresson. Su obra no se puede definir como fotoperiodística o documental, realmente fue una forma de expresión de su vida, una ficción de su propio día a día. La autenticidad de sus imágenes son un reflejo de su espíritu y su estilo responde al inconformismo, de igual forma que las personas que compartían su vida y que fueron captadas por su cámara

La ficción y el viaje

Van der Elsken comenzó a darse a conocer durante la década de los 50.

Después de la segunda guerra mundial empezó a trabajar en un laboratorio fotográfico y durante los años 50 trabajó como corresponsal de prensa en París para un periódico holandés. Su trabajo informativo es una de sus variantes, pero es su visión ficcionada en su vertiente artística la que le va abriendo un espacio en la creación, no solo fotográfica, sino, posteriormente cinematográfica. Bajo un estilo en un primer momento de contemplación sobre los personajes que comparten su vida, una fotografía de calle, pero más aún de alcoba… de espacios de ocio, bares, lugares siempre compartidos, va pasando a otro de implicación. Él es parte también de esa imagen… el espejo es importante, y la instantánea comienza a ser preparada.

La fotografía por tanto va dejando de ser el momento decisivo para ser parte de la vida narrada. Son imágenes de otros preparadas, bajo la intención de la propia ficción vital. La fotonovela narrativa propia, la de los compañeros en este tiempo y las instantáneas que el contexto procura, pasan a ser cuadros dirigidos con una intención clara, convertir la vida en propio Arte, en creación.

La fotografía subjetiva, las claves de su foto

La vida y el viaje forman parte de una gran novela: París, Japón, China y Sudáfrica… Los amigos, las parejas… los intrusos. Todos ellos se exponen como parte subjetiva de la propia vida contada. El autor toma una posición entre el documento y la ficción, se distancia del documental “objetivo”.

Van der Elsken fotografía a sus personajes en situaciones que resultan teatrales, o que a parecen preparadas. También realizó instantáneas, pero tanto unas como otras, destilan una gran empatía y solidaridad con el otro.

La preparación de las escenas es la característica más notable de estas obras, provocando el momento, en un principio más obvio para posteriormente pasar a ser más dinámico y veraz. Su proyecto incluso acuñó diferentes bocetos que recogía en una libreta, indicando la preparación de una imagen para recrear la novelización de su vida con diversos personajes conocidos, o situaciones naturales que se podrían dar en determinados espacios. Estos apuntes los denominaba “elementos ficcionales idealizados”.

El Fotolibro por tanto surgido de esta forma de trabajo también iba a provocar un nuevo camino de creación. Bajo un diseño dinámico, el libro se convirtió en una creación en sí, donde las imágenes incluidas no eran una compilación, sino una historia contada, una narración con su propio valor artístico. Las imágenes surgidas al pasar las páginas, creaban cuadros enteros, a sangre, para en otros, doblar la plana en dos imágenes encontradas con una significación propia, en el sentido lineal de la historia contada.

El Cine no podía dejarse de lado, la experimentación narrativa de la fotografía tenía en la cinematografía su máxima expresión y pasa a ocupar un lugar cada vez más importante en su trabajo.

Las producciones de van der Elsken se caracterizan por su fascinación por la vida cotidiana y por su propia vida en particular. Así reflejan todos los temas que le interesan: el sexo, la infancia, el amor, la naturaleza, las injusticias sociales, el viaje… Al igual que otros compañeros de generación como Johan Van der keuken, Vali Myers o Ata Kandó, la fotografía desemboca en el cine, o el cine en la fotografía, al fin y al cabo el mismo ADN.

La exposición

Muestra ese recorrido, desde sus primeras obras en Amsterdam, pasando por París, Baraga…África, Tokyo… el Jazz. Una selección de fotografías, extractos de sus trabajos fílmicos, apuntes, fotolibros…cuadros en color y blanco y negro. Las imágenes de calle irrumpen en medio de imágenes de interior.

Es así con sus instantáneas de Tokyo, o la mujer besándose en un espejo de París. Momentos de amor recreado, o insinuación teatral. Todas ellas proponen una mirada íntima y muy fraternal con los personajes. Son parte de su propia vida y así los recoge, cercanos, parten de él mismo.

Podremos ver la exposición hasta el mes de Mayo en la sala Barbara de Braganza de la Fundación Mapfre.

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