Amedeo Modigliani (Livorno 1884 - París 1920) es uno de esos artistas en los que fácilmente lo turbulento de su vida, convertida en leyenda al poco ya de su temprana muerte, puede eclipsar la importancia de su obra. El cine y las biografías de tipo sensacionalista contribuyeron a popularizarla. Y sin embargo, junto con Van Gogh es uno de los autores más populares, sus cuadros alcanzan al salir a subasta cifras astronómicas. Paradoja suprema para un hombre que murió en la miseria.

Modigliani en la Tate Modern

Por eso es tan destacable la retrospectiva que nos ofrece la Tate Modern hasta el próximo 2 de abril de 2018.

Nancy Prenson es la comisaria de la exposición, que a lo largo de 11 salas, recorre lo principal de la obra del artista, ordenada de forma cronológica. Desde su primer autorretrato (1915), en el que Modigliani se representa como un Pierrot, el payaso triste. Hasta las salas 10 y 11 donde, gracias a un sofisticado sistema de representación virtual, podemos adentrarnos en el último estudio del artista, compartido con su compañera Jeanne Hébuterne y su pequeña hija, en la rue de la Grand Chaumière, en Montparnasse, y conocer a sus modelos más habituales.

También encontramos una sala dedicada a su etapa como escultor que abarcó de 1910 a 1914, que recoge 9 alargadas cabezas, de las 29 que esculpió.

Influenciado por Brancusi se propuso dejar atrás el modelado impuesto por Rodin y volver a sacar las formas directamente de la piedra. Modigliani tuvo que abandonar pronto su dedicación a esta forma artística, no solo porque fuera más cara que la Pintura (se dice que él y Brancusi robaban material de las obras en las afueras de París), si no por su delicada salud, que se veía perjudicada por la dureza y los polvos emanados del trabajo.

Una sala dedicada a los desnudos de Modigliani

Otra de las salas está especialmente dedicada a los desnudos, que aunque constituyen tan solo el 10% del total de su obra, y están realizados en sus últimos 3 años de vida, son lo más conocido del artista.

Por primera vez se pueden ver doce de ellos juntos. Modigliani pintó a algunas de sus amantes, pero también a modelos profesionales que ganaban 5 francos por sesión, el doble de lo que ganarían trabajando en una jornada de fábrica.

Y es que con sus desnudos, Modigliani logró trasmitir el cambio social que estaban logrando las mujeres en la época de la Primera Guerra Mundial. Refleja a jóvenes mujeres, independientes que no dudan en posar desnudas y mirar de frente al observador.

Aún así, en 1917, estos cuadros de Modigliani supusieron un escándalo, las mujeres de sus cuadros eran estéticamente herederas del ideal de femineidad renacentista en cuanto a formas y poses, y sin embargo, al estar despojadas de un fondo que las contextualizara, y al representar incluso el vello púbico, se transformaban en mujeres reales.

Por esto la policía prohibió la única exposición individual del artista en la pequeña galería de Berthe Weill en Montparnasse.

Modigliani una vocación temprana

Natural de Livorno en Italia, hijo de una familia de judíos burgueses, Modigliani siempre tuvo una salud frágil, a los 11 años cayó gravemente enfermo y al recuperarse manifestó su deseo de ser artista, su familia le apoyó. A los 14 vuelve a enfermar, esta vez de tifus que le trae complicaciones pulmonares, para que se recuperara mejor su madre le lleva a Roma y al sur de Italia.

Posteriormente se matricula en escuelas de Arte en Venecia y Florencia. Modigliani descubre el arte clásico y su huella permanecerá para siempre en él. En 1906, cuando cuenta con 20 años, a Modigliani solo le resta una cosa para hacerse un nombre en el mundo artístico, se traslada a París.

Allí vive primero en Montmartre y luego en Montparnasse, conoce a Picasso, Braque, Brancussi, Chagall, Matisse, se codea con los creadores de las vanguardias…Los cafes son el punto de encuentro de los artistas entre grandes dosis de alcohol.

París no sentó bien a la frágil y descuidada salud de Modigliani, el aristócrata italiano que solo tenía dinero para comprarse un traje de pana y que pagaba con dibujos muchas de las invitaciones que le hacían. Modigliani tenía tres grandes adicciones además del dibujo, la absenta, el hachis y la poesía, en especial La Divina Comedia de Dante.

En sus pinturas asimiló la influencia de Cezanne, en el concepto de la obra, la pincelada y la paleta casi monócroma, de Toulouse Lautrec, Munch y Whistler y sin embargo, Modigliani consiguió un estilo único, perfectamente reconocible.

Modi, como le conocían sus amigos, comenzaba cada dibujo con una curva, a partir de ahí iba conformando una silueta, siempre simplificada buscando a la vez la bidimensionalidad de la línea y la sustancia corpórea. Sus cuellos, largos y rígidos, nos remiten al arte del renacimiento. a simplificación de las formas hasta convertirlas en casi geométricas a las vanguardias. Y es que Modigliani buscaba aunar la belleza clásica con la modernidad. Y a la vez, buscaba transmitir la conexión que sentía con sus modelos, el minimalismo de sus cuadros, donde la figura siempre es protagonista sobre un fondo difuminado, nos hace quedarnos prendados de la imagen representada, los ojos que nos miran fijamente, aun careciendo de pupilas, nos hacen querer saber más, nos invitan a mirar.

La tuberculosis acabó con la vida de Modigliani cuando solo contaba con 35 años, su compañera y musa Jeanne Hébuterne, incapaz de superar la pérdida se suicidó un día después.

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