La falta de lluvia y la merma del nivel del agua embalsada traen consigo un bochornoso evento.

El expolio y saqueo del patrimonio que, en su día, quedó bajo las aguas de embalses como los de Luna o Riaño en León o el de Aguilar de Campoo en Palencia. Sin embargo, esto no es nada nuevo, basta con presenciar una demolición o que una familia jamás regrese a su hogar, para asistir a un espectáculo digno del buitre sapiens.

Históricos expolios

El expolio del arte y de lo ajeno no es nada nuevo.

De hecho, no hace falta más que pasearse por las calles de Roma para contemplar este fenómeno.

Los mármoles del Vaticano (no todos, pero casi) provienen de edificios de época romana. El Coliseo pasó de ser el punto central del esparcimiento romano a ser una cantera siglos más tarde. Si no hubiera sido por Stern y por Valadier (dos arquitectos decimonónicos pioneros en la restauración y conservación de monumentos) el Coliseo hubiese visto como su anillo exterior desaparecía.

Aunque no nos hace falta irnos fuera de España para ver casos como estos. Mismamente, en Madrid se encuentra el Templo de Debod.

Un templo egipcio cedido por el gobierno del país africano al gobierno español por su colaboración en la salvaguarda de su patrimonio durante de la construcción de la presa de Asuan, la cual iba a sumergir una gran cantidad de templos faraónicos. Un expolio consentido, al fin y al cabo.

Expolio en el presente

En Aguilar de Campoo han salido a la luz puentes de época medieval e iglesias románicas cuyos capiteles están volando a la velocidad de la luz.

Qué pena.

Pero lo más sorprendente de todo esto, es ver como escurren el bulto de la conservación el Estado, la Junta, la Diputación e incluso desde la Fundación Santa Maria la Real. Este organismo de gran importancia en la conservación del patrimonio, propone documentar estos restos por si apareciesen en alguna subaste ilegal de Arte (tal y como apuntó un representante de la misma en televisión). Señores, creo, sinceramente, que ustedes pueden hacer más que eso.

Mismamente el ISCR (Istituto Superiore per la Conservazione ed il Restauro, [Roma]) realiza campañas de conservación preventiva subacuática para proteger, precisamente, el patrimonio sumergido. Si se quiere proteger se protege el patrimonio, pero hay que tener voluntad, y no cargarle toda la culpa a la crisis y a la falta de capital. Y si realmente la conservación in situ no es posible, hay empresas de vigilancia que pueden proteger de manera activa estos emplazamientos hasta que, esperemos no tarde mucho, vuelva a llover y el agua sea de nuevo su “protectora”.

¿Qué hacer ante esto?

Actuar ya.

Una opción viable sería el traslado de estos restos patrimoniales a un emplazamiento alejado de las aguas.

Entre 1930-32 se trasladó piedra a piedra, la iglesia de San Pedro de la Nave (Zamora) debido a la construcción del embalse de Ricobayo. Por suerte, en esa época, el patrimonio nacional tenía unos celosos guardianes; Don Manuel Gómez-Moreno o Alejandro Ferrant Vázquez, lo cuales dedicaron su vida a la salvaguarda y difusión del enorme patrimonio histórico-artístico español.

Esperemos que pronto acabe la sequía la económica y que cuando los embalses vuelvan a vaciarse, todo este patrimonio corra una mejor suerte.

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