El antiguo pueblo de Belchite, hoy abandonado, aún guarda entre sus edificios ruinosos los ecos de la Guerra Civil. Sus calles, sus gentes y su vida se esfumaron durante la contienda, aunque los recuerdos, las Historias y los misterios que se ciernen sobre el lugar aún son narradas entre asombro y espanto.

La joven que fue alcanzada por una ametralladora en una trágica escena

Una de ellas es la que cuenta la guía turística de la ruta nocturna de Belchite cuando llega a la puerta de la fosa común que hay en el pueblo abandonado y que alberga a los muertos que provocó la Guerra Civil.

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Allí, en la acera que da acceso a la fosa común, una cruz latina grabada en el suelo, recuerda una trágica escena que la guía turística cuenta al haber conocido de cerca a sus protagonistas.

La cruz grabada en el suelo de Belchite recuerda la fatídica muerte de Natividad C.B., que por aquel entonces solo tenía 15 años. Era marzo de 1938 cuando el pueblo estaba asediado, pero poco importó a la joven como a su padre, que decidieron acudir a misa en medio del fragor de la batalla. Al volver a casa, situada al lado de donde hoy está la fosa común, hija y padre volvían de la mano.

La hija pidió al padre que le cambiara de sitio, que ella quería ir por el lado de la acera porque era el más resguardado ante los cañonazos de la ametralladora. Sin embargo, la mala fortuna se cebó con Natividad: cuando se cambió de lado, la ametralladora disparó contra ella, quedando abatida en el suelo. El padre de la chica, presa de dolor, no tuvo más remedio que correr hacia su casa y contar destrozado lo ocurrido a la madre, que se consternó al ver que su hija no había vuelto.

El cuerpo de la joven jamás se recuperó

Cuando el fuego cesó sobre Belchite, los padres decidieron acudir a la calle donde estaba el cadáver de Natividad tendido.

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Lo recuperaron y, antes de ser evacuados del pueblo zaragozano, decidieron enterrar los restos de Natividad C.B. en un patio que tenían para darle sepultura en el momento que volvieran después de la Guerra Civil.

Sin embargo, al finalizar la contienda y regresar a Belchite, se dieron cuenta de que los restos de su hija ya no estaban en el patio, habían desaparecido sin dejar rastro. La guía de la ruta nocturna, que cuenta que llegó a conocer de primera mano la historia por la hermana de la fallecida, especula que su cadáver pudo ser transportado a la fosa común que está situada al lado de donde la familia vivía.

Pero lo único que queda es la cruz que decidieron grabar los padres justo en el lugar donde la desdichada joven fue alcanzada por los estragos de una guerra entre hermanos.