En la Universidad de Lisboa, Portugal se encuentra la cabeza de un cruel y despiadado asesino dentro de un frasco con formol desde 1841. El nombre de criminal es Diogo Alves, pero para esa época era mejor conocido como el "Asesino del acueducto".

Entre 1836 y 1839 te lo podías topar en una de las principales entradas en Lisboa, en la pasarela del Acueducto de las Aguas Libres. Allí se encargó de robar y asesinar a más de sesenta personas.

Su método criminal consistía en matarlas y después lanzar los cadáveres de sus víctimas para simular un suicidio. Entre estas fechas el criminal no había sido descubierto, hasta que asaltó y mató a un médico. Ese fue el fin de su carrera como asesino y el móvil que condujo a las autoridades portuguesas a su captura.

Alves tuvo uno de los juicios que causó mayor conmoción entre la población para la época y fue condenado a muerte.

Su ahorcamiento tuvo fecha en febrero de 1841. Su cabeza fue guardada en un frasco con formol para examinarla, ya que para esa época la frenología era una práctica bastante extendida.

¿Qué es la frenología?

La frenología es una práctica que no se realiza en la actualidad. Es una pseudociencia que por medio de la revisión meticulosa del cráneo de un individuo se creía que se podía conocer su capacidad mental, personalidad y carácter.

Fue desarrollada por el anatomista Franz Joseph Gall.

Muchos de los preceptos de esta pseudociencia estaban herrados, como, por ejemplo, se creía que dentro del cerebro de asesinos y criminales existía un órgano del crimen. Cuando la medicina y la fisiología cerebral reevaluaron estos principios, se dieron cuenta que no estaban en lo correcto, lo que ocasionó un declive en esta disciplina. Las teorías psicoanalíticas de personas ilustres como Freud hicieron ver esta práctica como una grieta medieval comparada con la ciencia que estaba surgiendo en ese momento.

La frenología y Diogo Alves

Los seguidores de esta pseudociencia quisieron estudiar a profundidad el cráneo del criminal, ya que luego de las declaraciones dadas después de haber sido arrestado, salió a relucir su personalidad despiadada. Alves confesó que nunca se había arrepentido de haber cometido un asesinato, solo sintió un poco de remordimiento después de matar a un bebé que estaba llorando mucho y justo antes de quitarle la vida, el infante le sonrió, fue allí donde sintió una gota de arrepentimiento.

Los estudios de su cráneo, que se llevaron a cabo con el objetivo de encontrar respuestas sobre su crueldad no dieron ningún resultado.

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