El presidente ruso, Vladimir Putin ha sorprendido al mundo occidental tras su último movimiento estratégico, que ha sido comparado con una "jugada maestra" del ajedrez.

El rublo ruso estaba en caída libre, en las últimas semanas, dinamitado por los acontecimientos sucedidos en Ucrania que llevaron a la condena mundial de la ocupación rusa y al posterior embargo iniciado por los Estados Unidos, ha llegado a caer hasta límites nunca registrados por esta moneda. En 1998, antes de iniciar su gran crisis, el rublo estaba por debajo de los 5 dólares, pero después empezó a bajar llegando a mediados de este año a cotizarse por encima de los 35. Después de su entrada en Crimea y las sanciones financieras a sus grandes empresas energéticas a las que el país soviético se ha visto sometido, la moneda rusa cayó hasta los 54 rublos para comprar un dólar la semana pasada, y dos días después ha registrado otro mínimo histórico: 75 por dólar.

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Ante este derrumbe de su moneda, el Banco Central de Rusia aplicó una solución drástica para evitar que siguiera en caída libre, subiendo los tipos de interés del 10,5% hasta el 17%, siendo ésta la segunda intervención que hace en una semana. Economistas internacionales declaraban que no iba a servir de nada esta medida, ya que, en opinión de muchos, Rusia se encuentra en el centro de una "tormenta perfecta": Sanciones económicas unido a la caída del precio del petróleo y el aumento de los intereses a tipos muy elevados hacen que la economía "vuelva a la recesión".

El vicepresidente del Banco de Rusia, Serguéi Shvetsov, anunciaba que la decisión de aumentar de esta manera los intereses es una opción "entre lo muy malo y lo supermalo", diciendo que no hace ni un año no se podían ni imaginar una situación así, ni en la peor de las pesadillas.

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A pesar de contar con el visto bueno de Putin, sus legisladores se han mostrado críticos, llegando incluso a pedir la dimisión de Elvira Nabiulina, presidenta del Banco Central. Putin seguía prometiendo conseguir estabilidad, tanto financiera como económica, aunque la población rusa estaba escéptica tras haber sufrido recientemente una grave crisis.

Y, como lo prometido es deuda, lo ha hecho realidad. Esa "jugada maestra" ha sido dejar que bajara el rublo hasta límites alarmantes provocando el pánico generalizado entre todos los inversores, especialmente los que tienen su dinero en empresas energéticas, dejando correr el rumor de que Rusia no tenía suficientes fondos para parar la debacle económica. Las acciones de estas empresas se vinieron abajo y se ha estado produciendo una estampida generalizada, vendiendo todo lo que podían para evitar el desastre financiero que se veía venir. Cuando el precio de esas acciones ya estaba lo suficientemente bajo, Putin dio la orden de comprar todos los activos posibles, que estaban en manos de capital europeo y estadounidense.

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De esta manera, Rusia se ha hecho con el 30% de los activos de petróleo y gas, a un precio casi ridículo, y ahora sólo tendrá que sentarse a esperar y ver cómo el rublo empieza a recuperarse "milagrosamente". Según InSerbia, "no se había visto una operación así desde la aparición del mercado de valores", y agregó que "los tiburones financieros europeos quedaron como tontos" al ver cómo Rusia, en unos minutos, compraba a muy bajo precio una cantidad brutal de activos energéticos por valor de miles de millones. Putin será lo que sea, pero aquí ha demostrado ser un buen estratega de los negocios a nivel mundial.