En Madrid el día miércoles se produjo un accidente terrible. Una gran explosión gaseosa ha dejado 4 fallecidos y 10 personas malheridas. Las autoridades siguen investigando la causa exacta que pudo producir la explosión, la cual hasta el momento se considera una avería en la sala de calderas. Estas son las Historias de los cuatro fallecidos y de las familias que dejaron atrás.

Rubén Pérez Alaya, un sacerdote el cual había sido ordenado hace solo 7 meses

Fue ordenado sacerdote el pasado mes de junio, a la edad de treinta seis años. Rubén vivió siempre como una persona piadosa, buscando la felicidad del prójimo antes de la suya misma.

La felicidad no está en vivirlo todo para uno mismo, sino en donarse a los demás”, fue la frase más recordada de Rubén Pérez Ayala, la cual fue confirmada por el cardenal Carlos Osoro, quien ha compartido su sentido pésame a través de sus redes sociales el día siguiente del accidente.

Rubén comenzó a asistir al seminario Redemptoris Mater en el año 2021, con la intención de seguir su vocación sacerdotal y entregar su vida a Dios.

Formó parte de la congregación Camino Neocatecumental, la cual era nombrada de forma menos formal como “Los Kikos”.

Lo más sorprendente fue la razón por la cual Rubén se encontraba en la zona. Al enterarse del incidente en la sala de calderas, el sacerdote se dirigió a ayudar a su amigo David Santos, un electricista que trabaja en el metro. Ambos iban a la misma iglesia y pertenecían a la misma congregación Camino Neocatecumental, un lazo que empujó a Rubén a visitar la parroquia incluso estando al tanto del problema que poseía.

Al momento de ser rescatados, su amigo ya había fallecido hace algún tiempo, pero Rubén Peréz logró sobrevivir al fuego y los gases. Rubén se mantuvo estable durante algunas horas en el Hospital de la Paz, padeciendo quemaduras de tercer grado, las cuales le causaron la muerte el miércoles en la madrugada, alrededor de las 1:30 a.m.

David Santos, un electricista que fue a solucionar un fallo en la caldera

A la edad de 35 años, David se desempeñaba como un operario del metro, además de realizar trabajos casuales como electricista. El día miércoles le fue comunicado que existía una falla en la sala de caldera, en la parroquia Virgen de la Paloma, una iglesia a la cual solía asistir con su amigo Rubén. Era también un hombre creyente, siendo un visitante constante en la congregación Camino Neocatecumental, a la cual asistía con sus 4 hijos y su esposa.

Lamentablemente mientras intentaban realizar la labor de reparación ocurrió la explosión. En aquel momento se encontraba en el edificio junto con el sacerdote Alejandro Aravena y el párroco Gabriel Benedicto, los cuales actualmente se encuentran sin daños mayores.

Por su lado, David Santos falleció instantáneamente debido a la onda expansiva y las altas temperaturas. Tres horas después del horrible accidente, los servicios de emergencia encontraron a David entre los escombros que dejó la explosión.

Stefko Ivanov, inmigrante búlgaro que se encontraba en la zona inferior del edificio durante la explosión

El tercer fallecido fue el ciudadano Stefko Ivanov, un hombre de 46 años que provenía de Bulgaria. Las autoridades han confirmado que el señor Ivanov se encontraba en el despacho conocido como Cáritas, la planta baja del edificio durante el momento que se produjo la explosión. Stefko residía en España desde hace 15 años y actualmente se encontraba realizando trabajos de albañilería, información que logró ser obtenida por declaraciones de un conocido del fallecido.

La policía ha dejado en claro que “no era octogenario, y no habría muerto en la calle”, un rumor que se habría extendido al poco tiempo de hacerse pública la información del incidente. Por el momento son desconocidas las razones de Stefko Ivanov para asistir a la oficina de Cáritas, una habitación que pertenece al complejo sacerdotal.

Javier Gandía, un albañil local que se encontraba en el lugar equivocado, a la hora equivocada

Para dirigirse a su trabajo, Javier Gandía solía recorrer la misma ruta al salir de su residencia. Era un hombre de 45 años de edad, tenía 2 hijos y una esposa con los cuales vivía en La Puebla de Almoradiel, en Toledo. Se encontraba trabajando desde hace una semana en una obra cercana al edificio donde ocurrió el accidente, el cual desafortunadamente le alcanzó mientras se encontraba caminando por la calle.

Por la hora del suceso, las autoridades confirman que probablemente iba de camino a comer o se encontraba ya de regreso. La comunidad donde vivía se ha mostrado muy afectada por su muerte, afirma Alberto Tostado, el alcalde de su pueblo.

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