Ningún ser humano es ilegal desde los preceptos de la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, esto, sus treinta artículos, deberían ser un hecho de facto. En ellos se proclama el indisoluble derecho que tiene el ser humano a ser tratado con respeto y con todos los derechos que por el mero hecho de existir tiene: dignidad, libertad, trabajo, residencia, negación de la esclavitud… libertad de pensamiento, libre manifestación cultural, derechos sociales... La carta de los Derechos humanos (1948) se formuló después de la Segunda Guerra Mundial, motivada por el cúmulo de barbaries que la última gran guerra había dejado.

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La carta tiene valor jurídico mundial, aunque a diario veamos pisoteadas muchos de sus artículos.

Las pretensiones que el subtítulo de este texto tiene, de forma especial su doble rasero: he llamado ciudadano a una persona que no tenía papeles. La condición la recojo de la propia Carta de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Le doy todos los valores a un individuo que habita en un país durante 14 años y trabaja de mantero –labor perseguida por ilegal al entender que no tiene licencia de vendedor.

Mame Mbaye Ndiaye intentaba regularizar su situación en nuestro país… No era ni la primera que lo pedía. Buscaba trabajo, pero cuando no se tiene porque no hay papeles y no hay papeles porque no se tienen, se sobrevive como se puede.

La muerte de Mame Mbaye Ndiaye

Mame Mbaye Ndiaye tenía 34 años. El joven vendía perfumes en el centro de Madrid mientras fue abordado por dos policías municipales. En ese momento echó a correr – la situación de estrés de una persona sin papeles no debe ser la más idónea...

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A la altura de Lavapiés se desploma y tras el intento de rehabilitación por los agentes, muere.

La deriva de estos 14 años de Mame Mbaye en España fue el círculo vicioso de una ley que mira para otro sitio que no es el ser humano. Tiene el palo, la reprimenda, la prisión, los CIES… a un problema de una profundidad enorme. La aplicación sin paliativos de la ley, en el caso de la policía hace que todo el abanico de grises se diluya, es la consecuencia de un doble rasero de las leyes nacionales y sus reglamentos frente a las leyes internacionales sobre la dignidad humana.

La situación de los Manteros en Barcelona

En Barcelona los manteros se organizaron para poder tener un estamento legal. Un número de identificación fiscal con el que poder trabajar como autónomos y poder pagar sus respetivos impuestos. Es decir, ser vendedores ambulantes, profesión que siempre ha existido. La intención es clara en estos colectivos, la de la regularización legal -no son mafias- son personas que toman esta forma de trabajo como camino para poder vivir dignamente. Es el sistema, y su cuerpo institucional el que no permite la regularización.

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Las preguntas que se formulan son variadas, si estas personas ya llevan aquí un tiempo más que suficiente para formalizar su residencia y derechos entre nosotros, y llevan a cabo un trabajo que les permite las subsistencia económica, lo que no existe en una regularización jurídica, un campo legal… ¿Por qué no se puede llevar a cabo? ¿Por qué no se regula? ¿Existe acaso un racismo institucional? Parecen impedimentos impuestos para dar un mensaje de poder claro a los que intentan entrar: en este país no hay solución para vosotros, no lo puede haber.

La vida del mantero

Los manteros viven de vender cualquier tipo de mercadería en la calle. En muchos casos pueden ser sus propias manufacturas o comercio comprado al por mayor y vendido como minorista. No se organizan en Mafias, como se les quiere achacar, su trabajo es más parecido al autónomo. Se exponen a no tener licencia de venta, a ocupar espacio público y no responder a los requisitos legales de sus productos. Esta situación es la que quieren llevan lidiando durante años.

Si un mantero es arrestado, los antecedentes penales que puede ir acumulando dificultan aún más la petición de regulación como ciudadano, negando una y otra vez los papeles de residencia. Por tanto, como muchas organizaciones de apoyo al inmigrante han denunciado, estas personas entran en círculos viciosos legales que les llevan de forma inmerecida a un callejón sin salida, finalmente a prisión o a los CIES, para finalmente la extradición. Hay todo un laberinto legal que tiene como conclusión final la imposibilidad de la subsistencia de forma legal.

Altercados noche del jueves y la manifestación del viernes

La noche del jueves comenzó con altercados en la Plaza de Lavapiés y la posterior intervención de la policía y bomberos, con más de un contenedor quemado. El viernes por la mañana el cónsul de Senegal pasó por la plaza Nelson Mandela en Lavapiés. Allí se encontró con el malestar de varios grupos de ciudadanos senegaleses y diversas organizaciones de inmigrantes consolidados en el barrio, exigiéndoles una defensa legal frente a la persecución que, según estos colectivos, sufren por la policía. Le increparon por el total indefensión legal y de derechos que los ciudadanos senegaleses tienen en España.

La manifestación del viernes por la tarde en Lavapiés fue la unión solidaria de los vecinos, diferentes colectivos y ciudadanos que convivimos y conocemos el barrio y su gente. Ninguna persona es ilegal, este manifiesto de” inocencia institucional”, perpetúa una crítica abierta al propio sistema, y un grito que replantea, ahora y siempre, la distancia que hay entre las leyes administrativas y espacios jurídicos nacionales con la Declaración de los derechos humanos.