Cuando pasa el verano el cabello se ve mucho más seco y encrespado y con la llegada del otoño tiende a debilitarse aún más, a tener menos volumen y a caerse más. Se podría decir que la mayoría de veces es culpa de los factores externos y del estrés que causa este cambio de estación, pero también a una mala alimentación. Y en este último punto es en el que podemos incidir.

Cómo proteger el cabello y mantenerlo brillante

El sol, el mar, el cloro de la piscina y los lavados más frecuentes dañan el cabello durante los meses de verano. La situación no mejora durante el otoño. Las temperaturas bajan y empieza a hacer más viento.

En consecuencia, el cabello puede verse apagado, seco y encrespado, incluso con falta de volumen y en esta época es cuando notamos que se nos cae aún más.

Para evitar que el cabello se dañe, es bueno protegerlo de las agresiones externas, ya sea en verano como en cualquier otra estación del año. Además, se debe evitar el uso excesivo o demasiado cercano del secador de pelo y de las planchas para alisar el pelo. El cabello también tiende a secarse cuando se utilizan champús muy agresivos para el cabello y jabones básicos para limpiarlo, o si se utilizan con frecuencia decolorantes y tintes.

Cuando el cabello empieza a verse encrespado, todavía es posible volver a sanearlo y devolverle el brillo si tenemos un cuidado especial sobre las puntas del pelo, utilizando bálsamos reparadores y mascarillas.

Lo suyo sería usar un bálsamo reparador cada día después del baño y la mascarilla una vez a la semana (y dejarla actuar 30 minutos). Pero también es bueno cuidar la dieta, sin una dieta adecuada todos los esfuerzos se desvanecen.

La dieta y el cabello

Aunque la cantidad, el grosor y la pigmentación del cabello están determinados genéticamente, una buena alimentación y un estilo de vida saludable pueden marcar la diferencia.

Una dieta desequilibrada puede afectar negativamente al desarrollo del cabello provocando un crecimiento más lento, pérdida prematura o falta de pigmentación. La dieta diaria debe aportar todas las vitaminas y minerales que nuestro organismo necesita y que permitan que nuestro cabello crezca sano, con volumen y que además mantenga el brillo, la suavidad y el color durante mucho tiempo.

Vitaminas y minerales para el cabello

Entre las vitaminas más importantes para la salud del cabello encontramos, por ejemplo, la Vitamina A y la Vitamina D, dos vitaminas liposolubles presentes principalmente en alimentos de origen animal. También podemos encontrar un precursor de la vitamina A en todas las frutas y verduras de color naranja y rojo, en forma de betacaroteno: será el propio cuerpo el que convierta el betacaroteno en vitamina A.

En cuanto a la Vitamina D, podemos contar con la reacción química que se produce entre el colesterol presente en las membranas celulares de la piel que, gracias a la acción de los rayos solares, se transforma en vitamina D cubriendo gran parte del requerimiento diario.

En este punto me gustaría remarcar algo ya dicho en otras ocasiones, se deberían captar los rayos del sol durante 15 minutos al día, cada día del año (sin excepción), para fortalecer los huesos y para generar Vitamina D.

La vitamina C, que se encuentra en muchas verduras crudas, y varias vitaminas del grupo B, como la vitamina B3, B5, la biotina, vitamina B9 y B12, son muy importantes para el cabello. Entre los minerales que favorecen el crecimiento y la belleza del cabello se encuentran el zinc [VIDEO], el selenio y el hierro: la deficiencia de uno o más de estos minerales juegan un papel clave en la pérdida y el encanecimiento prematuro del cabello.

Además de las vitaminas y minerales, es imprescindible el aporte calórico, proteico y de ácidos grasos esenciales para la salud y belleza del cabello.

Las dietas de pérdida de peso excesivamente rígidas o una baja ingesta de proteínas, ácido linoleico y ácido alfa-linoleico están relacionadas con una mayor debilidad del cabello. Para obtener todas las vitaminas, minerales y otros nutrientes necesarios para mantener el cabello sano y brillante no es necesario recurrir a complementos alimenticios: basta con seguir una dieta equilibrada, rica en frutas y verduras, cereales integrales y legumbres.

En caso de constatar una deficiencia de uno o más micronutrientes, cosa que se puede saber acudiendo al médico y mediante una analítica, se puede compensar rápidamente con la administración de complementos alimenticios, siempre que el médico así lo indique.

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