La moción de censura presentada por el PSOE, que desembocó en el nombramiento de Pedro Sánchez como nuevo presidente del gobierno, fue un auténtico mazazo para Mariano Rajoy, aunque menos de lo que algunos medios han publicado. De hecho, el cambio de domicilio de Rajoy estaba previsto desde hace ya algunos días. Por eso pudo desocupar la Moncloa de una manera tan rápida, como nunca antes había ocurrido.

Traición en el Congreso

Es cierto que el anterior inquilino de la Moncloa no esperaba una «traición» tan señalada como la que le «asestó» el PNV. El partido vasco había dado su voto en el Congreso, junto con Ciudadanos, a los presupuestos generales del estado elaborados por el PP. Eso sucedió apenas una semana antes de la moción de censura.

Hasta el último momento se estuvo tanteando la posibilidad de que el PNV, al menos, se abstuviera para detener la moción.

Los encargados de hacerlo fueron personas de confianza del hasta ese momento presidente del gobierno, como María Dolores de Cospedal o la propia Soraya Sáenz de Santamaría. El PNV se negó en todo momento. Así se lo comunicaron a Rajoy la famosa tarde del jueves, en la que el presidente del gobierno, y del PP, hacía cábalas sobre la situación y los siguientes pasos a dar, sentado frente a dos botellas de whisky durante casi ocho horas.

Mientras él estaba en el «bar», el bolso de Santamaría ocupaba su escaño. Todo un símbolo.

Pedro Sánchez, esa mañana, desde la tribuna, le ofreció retirar la moción de censura si presentaba su dimisión. Dicen que Rajoy sopesó la propuesta en esa larga sobremesa que Pablo Iglesias calificó de «vergüenza». Finalmente, hizo público que no aceptaba la invitación del secretario general socialista. La razón que se arguyó en ese momento desde el Partido Popular, fue que presentar la dimisión no aseguraba la permanencia de un gobierno del PP.

También se utilizaron otros argumentos que no parecían convencer a nadie, dado que la alternativa inevitable e inmediata era un nuevo ejecutivo apoyado por un conglomerado de partidos, desde separatistas hasta lo que en Europa llaman radicales.

Seguir a cualquier precio

Parecía que Mariano Rajoy quería seguir a cualquier precio. Se pensaba que prefería pasar a la oposición y desde allí intentar volver a reconstruir lo que ya se auguraban los trozos de un partido roto por una acción de gobierno basada en lo contrario, la inacción; inacción con la corrupción, con sus postulados de campaña, con la crisis territorial, con las peticiones de gran parte de la población…

Sin embargo, sí dimitió el martes, menos de una semana después de no hacerlo durante la moción de censura, facilitando un gobierno del PSOE que se mantendrá, al menos, durante meses.

Esos meses serán una bocanada de aire fresco que volverá a poner delante de los focos mediáticos a un Pedro Sánchez que estaba alicaído en las encuestas.

Las verdaderas razones de todo este proceder de Mariano Rajoy parecen estar en un cálculo que tiene dos vertientes. Por un lado, intentar mantener activo el bipartidismo como sustento de la política española. Por otro, y enlazando con la razón anterior, frenar en seco el ascenso de Ciudadanos en los estudios demoscópicos, que les llevaría a ser primera fuerza política.

Ese vaticinio podría ser el principio del fin del duopolio político que ha gobernado España durante los últimos cuarenta años. Si Mariano Rajoy hubiera dimitido el día de la moción de censura, seguramente se hubieran convocado elecciones generales a pocos meses vista. Esas elecciones hubieran supuesto una casi segura victoria de Ciudadanos, en detrimento de los dos principales partidos políticos actuales en número de escaños.

Las verdaderas razones

El partido de Albert Rivera mordió el anzuelo al votar a favor de los presupuestos, a la espera de que el PP fuera desangrándose con las «cuchilladas« judiciales de los casos de corrupción que se están juzgando y otros, que, sin duda, saldrán en los próximos meses. Le faltó astucia política para haber asestado un golpe profundo al partido de Mariano Rajoy, y éste no ha perdido la oportunidad.

El diario digital «El Independiente» señalaba que Rajoy reflexionó ante un ministro: “¿Qué nos interesa más: aguantar unos meses quemados hasta unas próximas elecciones en las que tendríamos todas las de perder frente a Ciudadanos? ¿O bien marcharnos a la oposición, reconstruir el partido, impulsar un nuevo liderazgo y machacar al PSOE por haber llegado al poder con el apoyo de Bildu y los independentistas?”.

Esa será la táctica, sin duda, y esas son las verdaderas razones de la dimisión retardada de Rajoy. En público se esgrimirán otras más altruistas para con el partido y el país. De paso, se dará un empujón a un PSOE debilitado, pero no tanto como para que Podemos pueda superarle. De nuevo, volvería la alternancia. De nuevo, la puesta en marcha del gatopardismo que Lampedussa puso en boca de su oportunista personaje Tancredi, al hilo de la revolución garibaldina: «Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie».

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