Cuando parecía que las aguas comenzaban a calmarse, sobrevino un huracán categoría 5 sobre las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos; y tiene un nombre: Donald Trump.

Las razones se buscan y se encuentran.... Ahora la causa de las hostilidades se denomina «el oscuro caso de los ataques acústicos en Cuba». Y es digno de cualquier novela policiaca. Los hechos son los siguientes: más de tres decenas de diplomáticos estadounidenses y canadienses, así como miembros de su familia, que radican en Cuba son víctimas de síntomas inquietantes tras escuchar un fuerte estruendo.

Las evidencias son «migrañas y náuseas», en algunos casos ha sido muy graves, llegando a causar traumatismos cerebrales o pérdida de la audición.

Los argumentos son dignos de un guión para película norteamericana, incluye el uso de dispositivos acústicos de origen desconocido a través de la emisión dirigida de ondas nocivas desde un dispositivo no detectable.

A partir del memorable 17 de diciembre que se escuchó el discurso de Obama y el de Raúl Catro, el interés de Cuba se ha centrado en que avancen los vínculos entre ambos países sobre la base de igualdad mutua. Tras la toma de la presidencia de Trump esto ha cambiado y de una manera drástica. En un programa humorístico, el locutor llegó a decir que la política del nuevo presidente se caracterizaba por un "Ctrl z": su postura es de injerencia total, no solo hacia Cuba sino hacia cualquier país que mueva su interés.

La Embajada de Estados Unidos en Cuba fue un resultado positivo de las negociaciones entre ambos gobiernos. El mes de julio de 2015 marcó pauta para el acercamiento de estos dos viejos enemigos. Trump no le dio importancia a este hecho, ni siquiera a los intereses de su propio país y la decisión fue rápida: cerrarla y retirar a sus diplomáticos.

El canciller de Cuba lo expresó claramente en la ONU. No es interés de Cuba que retrocedan las relaciones, ni dañar a los funcionarios, ni permitir que otro lo haga. Pero aquí no hay eso de «soy inocente hasta que se demuestre lo contrario».

Las consecuencias ya se están percibiendo: los funcionarios que permanecen en Cuba han dejado de expedir visados; y se han expulsado 15 funcionarios cubanos de Estados Unidos.

Los culpables de estos sucesos son tan misteriosos como el hecho en sí. Especular sin pruebas es incorrecto; pero lo cierto es que es alguien que quiere dañar lo logrado hasta ahora. Donald Trump debería, si le queda algo de raciocinio, analizar mejor su posición y dejar a un lado las decisiones precipitadas.

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