Nos gusta escucharnos. Y escuchar que nos digan lo que queremos oír. Si es una proposición verdadera, o si es falsa, nos da igual. Hay algo más bonito que la verdad para el ser humano - ¿contemporáneo? - y no es otra cosa que su verdad, que puede serla objetivamente o no. Esto, que puede ser objeto de un tratado filosófico acerca de la Posmodernidad, se encarna en algo tan verdadero como falso en sí como el Ministro de Hacienda de este nuestro país, y las reacciones provocadas.

Y es que D. Cristóbal Montoro ha dicho, en el transcurso del ejercicio de sus funciones, una mentira, que no era verdad para ciertos coros parlamentarios; y una verdad para tales coros, e imaginario colectivo, pero falsa de acuerdo con esa tan maltratada y vapuleada realidad en el mundo contemporáneo: la propia realidad.

En sede parlamentaria el 9 de octubre de 2013, dijo el Ministro: “Los salarios están subiendo moderadamente en nuestro país”, sin caérsele el rostro. Con datos del Instituto Nacional de Estadística era obvio lo contrario.

Recientemente, nos obsequió con un ejemplo contrario: Montero dijo una mentira que, a base de ser repetida varios miles de veces, ha pasado a ser verdad en el imaginario colectivo. “Las grandes empresas están en una tributación de entre el 7% y el 8% (…) No se puede aceptar”. Y no pasó nada. Nadie gritó, nadie se escandalizó. Porque es una mentira que se ha hecho verdad, porque se ha querido hacer verdad. Pues bien, la Asociación Española de Aseosres Fiscales publicaba hace escasas dos semanas un informe titulado Los tipos efectivos del Impuesto de Sociedades en España en el que, oh sorpresa, queda desmentido el Ministro, y nuestro imaginario colectivo, mago formidable de los conceptos “verdad” y “mentira” en, al menos, este nuestro siglo, y posiblemente en los pasados también.

Las grandes empresas españolas soportan una carga fiscal efectiva de alrededor del 26.8%.

Cuando Nietzsche dijo eso de “Dios ha muerto”, lógicamente, no se refería estrictamente a Dios, sino a un “absoluto”, a un referente objetivo que fuera igual para todos. A partir de entonces, anunciaba el filósofo alemán, venía un tiempo de relativismo, en el que el bien, la verdad, lo justo, sería tal, si uno así lo concebía.

Anunció el futuro - que es nuestro presente - como pocos genios lo han hecho en la Historia de Occidente.

PD: quizás no es precisa la aclaración; no obstante, y por si acaso, D. Cristóbal no es ni mucho menos un superhombre.

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