Con la imagen del cazador oculto que se esconde en la espesura hasta dar caza a su presa a la que provoca la muerte de una forma fulminante, el Francotirador está rodeado de un halo de romanticismo por su habilidad y ocultación a la vista del adversario, lo que lo convierte en un oponente temible y huidizo y con una mística tenebrosa, entre el homicidio frío e inmisericorde que llega en forma de muerte en un solo disparo.

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Pues el francotirador no se parece a otro combatiente en el campo de batalla, dado que frente a la impersonalidad del combate moderno donde lo más cercano que se ve es la figura del enemigo moverse en la distancia el francotirador ve el rostro de su objetivo y sabe que va a darle muerte. Con todo lo que eso conlleva.

La estabilidad mental

Con ello el tirador de élite necesita ser una persona equilibrada mentalmente que se encuentre exactamente en el punto medio de un balance que no le lleve a la desolación, el cumplir con su trabajo, ni en un demente "que le coja gusto al mismo" para convertirse en un asesino serie en el que matar a través de la mira de un fusil se convierta en su modus operandi.

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En el primer ejemplo no es raro encontrar tiradores de unidades policiales y militares de élite que han entrado en cuadros profundos de depresión al abatir un objetivo, aunque este fuera un miembro de la alta delincuencia o un elemento terrorista, por lo que han necesitado de ayuda psicológica para superar el trance.

Y en la cara opuesta meros asesinos en serie que han canalizado sus impulsos homicidas a través del uso del fusil de precisión como arma del crimen.

Los estadounidenses Chris Kyle, vida llevada al cine por Clint Eastwood, y Jhon Allen Muhammad son dos ejemplos mediáticos de esta derivación criminal de esta habilidad táctica que se puede dar en personal de toda nacionalidad.

El carácter

Por ello es imprescindible que el tirador de élite sea una persona mentalmente equilibrada, con un alto sentido de la responsabilidad y del deber, con valor moral y capaz de sus obligaciones, espíritu de sacrificio y la atestiguada serenidad mental para ni minusvalorar su actuación pero tampoco dejarse superar por ella.

Un instructor de tiradores de la BRIPAC lo definió así: "Buscamos hombres íntegros que sepan hacer su trabajo sin desbordarse por él ni tampoco minusvalorarlo, un matón de bar no sirve ni para esto ni para nada".

La instrucción

España forma a sus tiradores de precisión militares dentro de cada unidad concreta ya sean estas las brigadas, las comandancias generales, unidades específicas como el MOE o independientes como el "Inmemorial del Rey" Nº1.

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Para hacer el curso de tirador no vale cualquiera pues primero hay que ser escogido por sus aptitudes de un grupo de voluntarios, los controles psicológicos hacen la primera criba, la exigencia de la instrucción que es muy dura en lo físico, en lo mental y en la paciencia, a veces se pasan días inmóviles en un apostadero esperando un blanco que no llega, van eliminando el personal menos apto junto con los descartes de los instructores que ya están duchos en identificar las debilidades psíquicas de los aspirantes mientras avanza la instrucción.

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Así al concluir solo una minoría acaba el curso pero esta será la que este capacitada para cumplir con su labor. Como definió un tirador de la BRIPAC tras abatir un insurgente talibán que colocaba un explosivo a un convoy: "Tengo que apechugar con ello pero sé que salve la vida a los compañeros que ese enemigo pudo haber matado con su bomba".

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