La inclusión laboral cada vez se hace más tediosa. La sensación persistente de fracaso martiriza a centenares de graduados, atónitos ante la escasez de oportunidades en un mercado que prima el interés por encima del talento. La incertidumbre ante el abismo de indecisiones invoca incesante la asfixiante reflexión del "y ¿ahora qué?". Dentro del sector laboral, es curioso observar cómo la mayoría de jóvenes transita la misma vivencia: Tras cientos de correos enviados, acuden expectantes a una empresa, comienza una nueva etapa: el salto hacia la madurez; pero esa ilusión se desvanece cuando tras la vigésima entrevista: no se reúnen los requisitos exigidos)

Mismas preguntas para un idéntico 'modus operandi'

Laboralmente, qué estudiante no ha oído alguna de las siguientes frases: "Buen currículum, pero actualmente no encaja con la vacante disponible"; "¿existe posibilidad de firmar convenio de prácticas?"; "en esta empresa quien tiene ilusión por aprender se queda" (tradúzcase en: prohibido rechistar; ser eficiente a la par que dócil; y, emanar un halo de ficticia satisfacción plena ante el privilegio de pertenecer a la plantilla; seguro que así, no habrá problema en alargar el convenio de prácticas tres meses más (sin remunerar claro, la experiencia es una gratificación más que suficiente).

Una situación social que desalienta el progreso

En la actualidad, el mercado laboral se encuentra invertido. Resulta tan poco llamativo ver a un ingeniero trabajando en McDonald's, algo que está normalizado hasta el paroxismo más insospechado. ¿De qué sirven por tanto las largas noches en vela para memorizar a la perfección un interminable temario? ¿La presión por lograr la calificación más alta y la lucha constante para conseguir la beca a toda costa? Si a fin de cuentas, rara vez el esfuerzo está correspondido como se merece de forma meritoria (Tiempo malgastado en una batalla perdida)

Tener un plan estable de futuro se ha convertido en el 'Arca Perdida' del siglo XXI

La precaria situación laboral genera un cúmulo de frustraciones, plasmadas sobre estas líneas como remedio introspectivo para mostrar un mayúsculo desagrado común.

Toda la vida para estar dentro de la cúspide de los "empollones", para que ni si quiera den respuesta al solicitar empleo. Las principales expectativas de futuro, (de cualquier joven desesperado), se basan en fantasear distintas alternativas utópicas que se desvanecen con el paso de los meses, quedándose en meras ensoñaciones.

Tristemente y pese a todo, el instinto de supervivencia, aunque supurando, sigue intacto, pero es inevitable revertir la visita de ese sentencioso zumbido que desalienta susurrando...Y, ¿ahora qué?

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