Realmente somos una generación muy agraciada, no dejo de sorprenderme con nuestra sensibilidad, empatía, generosidad y humanidad. Somos la generación más inteligente a nivel emocional. Las personas jamás se habían comunicado tanto. La amistad es llevada a niveles afectivos muy superiores a los de nuestros padres y madres. Somos personas sensibles, puras y bellas.

Aunque siempre hay un pero. Traemos con nosotros una caja llena de información inútil y pasado doloroso. En nuestra cabeza, los duelos ya no se superan, el dolor forma parte de nosotros mismos sintiéndonos extraños cuando "nos sentimos en paz".

Nuestro estado basal está cambiando. Nuestro estado anímico de base, se está volviendo tenso, ansioso, incómodo. Existe una gran falta de motivación natural instintiva. Una falta de "pasión por la pasión", si se me permite la expresión. Nos hemos creído que nuestra existencia es aquello sin importancia que pasa rozándonos la piel.Vivir, es una experiencia que no necesita ser racionalizada ni analizada.

Descartar para encontrar

Los términos para referirse a la espiritualidad deben jugar siempre en negativo."Aquella casa, no es azul". No sabemos el color, aparentemente no nos da información útil a un nivel lógico y racional (por eso es que la mente no llega a entender) y, sin embargo, puede ser cualquier color excepto el azul.

De manera automática, se muestran un montón de posibilidades de colores de casas. Incluso multicolor.

Con la espiritualidad es similar, tema sin concepto, no es conceptual, la mente no se puede hacer una imagen. La espiritualidad no es no pensar, no reaccionar, no estar triste. Para referirnos a hechos o experiencias no conceptuales, es estrictamente necesario dejar a la mente a un lado.

Porque no vale, no sirve. No cabe la infinidad en la mente, es algo que no puede comprenderse. La espiritualidad no es miedo. Así van descartándose las opciones dejando al descubierto el misterioso patio de la espiritualidad, donde "no sé".

Reaccionar y no accionar

¿Me permites poner algo encima de la mesa?

Andamos al servicio del momento. Esclavos de nuestras emociones.Si alguien se enfada conmigo yo me enfado más. Si me gritan yo les grito más. Despreciamos el instante presente porque no sabemos tocarlo.

Nadie nos enseña a cabalgar el momento. Reaccionamos. Ni siquiera tomamos acción. El tiempo pasa y si no nos apoderamos completamente de nuestro particular "ahora", quizá jamás podamos. Digo esto porque los músculos se entrenan, se capacitan.

La plasticidad del cerebro de una persona joven frente a la de alguien mucho mayor sirve obviamente de ayuda a la hora de despejar la mente. ¿Y si no fuéramos nuestra propia historia, nuestro pasado? ¿Y si no fuéramos el resultado de ese abuso, de esa soledad, de esa distancia?

¿Y si tú no fueras el resultado de nada de lo que te ha pasado?

Se siente lúcido cabalgar el momento. Se siente poderoso, lleno, rebosante incluso. Se siente que se ha llegado a la meta ¿no es eso lo que buscamos? Llegar, alcanzar. Se siente capaz, casi se siente uno dueño del tiempo. Pues ya no eres producto del pasado, eres dueño del instante presente. Digo esto porque es primordial sentirse así; vivo. Es primordial para saber apartar todas esas emociones que nos quitan paz.

Hay que dominar el oxígeno que navega por tu nuca.Saber que es todo porte de algo que ni me alcanza ni quiero entender. He podido comprobar por mí misma cómo es que la vibración de mi cuerpo y de mi mente, atraen abundancia cuando miro la vida con gracia y bondad.

Llegan cosas y es así de simple.

Las mil posibilidades

A cada instante la vida nos recuerda que puede suceder cualquier cosa y el echo de que no esté sucediendo no significa que no pueda pasar. Cuando veo todos los establecimientos que llevamos encima, en nuestros cráneos; cuando veo que todo a mi alrededor ha sido fruto de la mente humana; cuando me creo mis pensamientos, estoy actuando en contra de mí.

En este mundo de la infinita posibilidad, también interviene una ciencia, la psicología anda muy presente. El hecho de gesticular diferente o de utilizar palabras poco comunes nos hace vibrar en otra frecuencia. Cambiar lo que se dice y cómo se dice, se muestra como imprescindible si queremos "sentir" y no "entender".

No es posible llegar a un lugar puro y sagrado con un utilitario que contamine y haga ruido. Buena metáfora de cómo funciona nuestra maravillosa mente, pues resolver problemas usando la lógica se le antoja tentativo. Es una herramienta y nos hemos creído que vivimos en ella.La mente se nos ha dado para liberarnos de ella. Vivir desde el pecho. Vivir desde la pasión.

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