Resulta reconfortante comprobar que el dicho común, “quien tuvo, retuvo”, se puede aplicar en el caso de Zhang Yimou. Tampoco es de extrañar, pues ha conseguido mantener el tipo durante estos últimos treinta años, con un estándar de calidad innegable desde que estrenase su primera obra en 1987, “Sorgo Rojo”, que ya le valió en su día el Oso de Oro en el Festival Internacional de Cine de Berlín. Quizás la única sombra de duda que podía acechar sobre su cabeza fuese la malograda “La Gran Muralla” (2016), un intento de aproximación fallido al cine de palomitas descerebrado hollywoodiense, que poco o nada tiene que ver con la labor del cineasta y que, obviamente, no cuajó en absoluto.

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Afortunadamente, en “Sombra” (2018) podemos comprobar que el toque sutil pero violento del director no ha sucumbido. Es más, gracias al avance de los efectos digitales (en mayor o menor medida) Yimou ha conseguido llevar su estilo visual y su narrativa poética al siguiente nivel, a la vez que los conjunta de manera magistral, como si se trataran del ying y el yang taoístas.

La película pertenece al género conocido como wuxia o de artes marciales

En lo referente a trama y guión, Yimou ha optado por un enfoque minimalista y sutil, que no reducido o simplón.

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Su objetivo final vuelve a ser el de las grandes narrativas históricas que ya aparecían en obras de su segundo período como “Hero” (2002), en las que escoge temas trascendentales y existencialistas como los sentimientos humanos, la política, la muerte, etc. En este caso, asistimos a la sucesión de acontecimientos que se desencadenan tras un malentendido entre los comandantes de dos naciones que mantienen un frágil armisticio, en un juego de poderes en el que nada es lo que parece, ni nadie es quien dice ser.

Aunque es posible que el mensaje de "Sombra" no contenga la misma fuerza o elegancia que otras de sus obras anteriores, o que ciertos personajes carezcan de la rectitud moral o la carga emocional vistas en otras de sus películas. Yimou consigue crear una atmósfera opresiva, como una tela de araña, en la que todos los personajes se ven involucrados hacia un destino aciago, y en la cual no existe otra ley que la de la supervivencia (algo que queda plasmado con una terrible belleza en el último fotograma de la película) como objetivo final.

La cinta recuerda a trabajos anteriores de Yimou como Hero o La Casa de las Dagas Voladoras

Sin embargo, es en el apartado visual donde "Sombra" brilla con fuerza, precisamente haciendo lo contrario. Empleando únicamente una escala acromática (a excepción de colores puntuales en paisajes, estructuras, y la piel y la sangre de los personajes), Yimou utiliza el simbolismo de la dualidad entre el ying y el yang al máximo de su capacidad artística para fabricar un mundo desprovisto de color.

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Con ello, consigue tanto remarcar detalles narrativos que son de su interés como que la dinámica temática de al película no pierda impacto conforme avanza la trama. No es la primera vez que el director utiliza esta técnica, pues ya en “Hero” trató de acompasar las diferentes tramas y puntos de vista de los personajes a un color determinado.

Completan la redondez del producto las interpretaciones de todos los actores del reparto, con nombres como Sun Li, en el papel de la Dama; Zheng Ryan, como el Rey, o Hu Jun, interpretando al General Yang.

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Mención especial merece la doble actuación del actor protagonista, Deng Chao, quien hace de Sombre y Comandante Ziyu a la vez.

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