En torno a 88 millones de toneladas de alimentos acaban en la basura en la UE cada año. España es el séptimo país, con 7.7 millones de toneladas, según datos del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medioambiente. Alrededor de 179kg por habitante es la cifra de desperdicio.

Lo que implica este nivel de desperdicio

Puede que los datos previos a simple vista no asusten, pero traduzcámoslos al español: no solo se generan pérdidas económicas, sino que la producción y eliminación de estos alimentos provoca la emisión de 170 millones de toneladas de CO2 y requiere el uso de 26 millones de toneladas de recursos en el caso de la UE. Esto implica un grave impacto medioambiental y una subida del precio de los productos.

Dicho de otra forma: esta comida que acaba en la basura podría alimentar a más del doble de la población que sufre desnutrición en el mundo. En África subsahariana, uno de cada cuatro personas presenta desnutrición.

Se debe disminuir el número de residuos

Lo primero y lo que parece más lógico de todo es que no comprar lo que no se va a consumir. En España, en 2017 se tiraron a la basura más de 1.229 millones kg de alimentos y bebidas, de los cuales 1.075 pertenecían a productos sin utilizar.

Hay que recordar las 3 R: reducir, reutilizar y reclamar.

Se debe almacenar adecuadamente los alimentos; congelar lo que no se vaya a consumir inmediatamente. Aprender a diferenciar entre la fecha de caducidad y la fecha de consumo preferente y calcular correctamente las cantidades de comida que se van a consumir. También hay que colocar los alimentos más viejos delante de los nuevos para consumirlos con anterioridad y practicar el trash cooking y el zero waste, es decir, aprovechar la comida, hacer otras recetas con lo que sobre.

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Historias

Apps como Too Good to Go, con su lema #Lacomidanosetira ha creado un movimiento formado por waste warriors que creen en un mundo donde la comida no se desperdicia, en el que cada persona aporta y puede marcar la diferencia. Esta aplicación de origen danés permite reducir el desperdicio a la vez que disfrutar comida de calidad. De esta forma, todos salen ganando, pues los establecimientos reducen sus niveles de basura y los usuarios descubren nuevos lugares y ahorran dinero.

Pero, sobre todo, el gran triunfador es el medio ambiente; ya han salvado 12.455.349 packs de comida, lo que hace un total de 25.911 toneladas de CO2 no emitidas a la atmósfera.

Y, por último, pero no por ello menos importante, se debe reducir e incluso evitar el consumo de plástico. Si se va a comer fuera, hay que llevar tus propios utensilios desde casa y si se acude a un restaurante y sobra comida, no hay que tener vergüenza en pedirla para llevar.

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