La caridad empieza por casa, dice el refranero que repetía mi abuela gallega hasta el cansancio. La edad no me alcanzaba para comprender el verdadero alcance que esa expresión encierra. Sólo el paso de los años me fue aclarando el concepto y, con mucho esfuerzo y alguna que otra lágrima, comencé a comprender que el amor es una construcción paulatina que supera a cualquier subida hormonal.

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El flechazo también cuenta y tiene su encanto, pero si se agota en la piel, indefectiblemente caducará y hasta puede que no llegue al próximo San Valentín. Sin embargo, a diestra y siniestra se insiste con la banalización del amor y nada tiene más que relativa importancia, inclusive el encuentro de los cuerpos que suele ser vertiginoso y tan de prisa como el mismo día a día.

Mejor no pensar tanto, sin embargo nunca está demás tomarse una pausa para la reflexión, como para poder medir, al menos, el índice de la satisfacción interior y si me siento realmente bien o sólo bailo la danza del ritmo de un presente que, en ciertos temas, puede ser bastante ingrávido.

Enamórate de ti, de la vida y luego de quien tu quieras
Enamórate de ti, de la vida y luego de quien tu quieras

Y si me detengo lo suficiente

Y si me detengo lo suficiente para mirar desde dónde quiero al otro. No es que te proponga un esfuerzo extraordinario, sólo piensa si te sientes segura de ti misma, tanto como para enamorarte sin vulnerabilidades previas, sin "zonas erróneas" que puedan ser aprovechadas por quien merodea por tus calles y pueda encontrarse contigo hasta por casualidad.

Puede que me quieras decir - que tostón de propuesta- pero si te lo piensas un poco más, comprendas mejor hacia dónde me dirijo, piensa cuánto daño podrías evitarte si eliges desde la seguridad de quién eres, bien instalada en tu autoestima, con el sayo de ti misma bien calzado.

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Ya déjate de pamplinas y ve por tu labor

Ya déjate de pamplinas y ve por tu labor, diría mi abuela porque no tuvo demasiada oportunidad en tener un espacio propio vital y sanador, algo así como un territorio para pensar en su propia persona y no estar siempre por el otro. Es difícil superar los patrones culturales, ancestrales. Ésos que se van transmitiendo de generación en generación.

Hasta que algunas "aves disidentes" se alejan de la bandada y emprenden el vuelo hasta el horizonte de su propia integridad psíquica y emocional para ser las únicas que pueden elegir desde la libertad de ser y no desde las urgencias de la necesidad o desde la baja estima por si mismas.

Cuando eliges desde el amor

Cuando eliges desde el amor a ti misma, desde la sabiduría interior de quién eres y cuántas potencialidades tienes, estás minimizando los riegos de cometer una equivocación y dar con la persona inconveniente. No se trata de ciencias ocultas, sólo de auto-conocimiento, conciencia plena de quién eres y de lo que te hace feliz. Piensa cuánto sufrimiento te ahorras y prepárate desde ahora para el próximo San Valentín.

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