Para conseguir las metas [VIDEO] soñadas se requiere un proceso con un plan de acción que nos ayude a alcanzar los objetivos que perseguimos. La cultura, los hábitos, las actitudes, los prejuicios, los sentimientos, los miedos, los valores y las creencias van a condicionar el proceso, no exento de obstáculos.

El liderazgo contemporáneo comienza por dirigir con un propósito firme la propia vida. Si no se es capaz de ello, resultará imposible liderar la vida de otros.

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El mundo actual se rige por los siguientes parámetros:

Volatilidad:

Es la velocidad a la que cambia el entorno, de modo que se presentan factores inestables o inesperados. Nuestras fortalezas y oportunidades determinarán la capacidad de afrontamiento de los mismos.

Las dificultades o los fracasos tan solo han de constituir un estímulo de los que extraer un aprendizaje [VIDEO] para mejorar en el futuro.

La perseverancia en el camino hacia nuestros objetivos resulta fundamental así como la habilidad de convivir con la incertidumbre ante el futuro y la capacidad de instalarse en el presente.

Incertidumbre:

Denota la dificultad para anticiparse a nuevos acontecimientos. Constituye todo un desafío que no todos estamos dispuestos a tolerar. La claridad en los planes, estrategias, misión y metas nos ayudarán a superarla.

Se requiere coraje para vivir una vida fiel a uno mismo y no la vida que otros esperan de uno. Victor Frankl expresó: "el que tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo."

Complejidad:

El caos está servido cuando hay muchas partes interconectadas.

Se han de analizar los procesos críticos que afectan a la toma de decisiones.

Por ello, se requiere valorar las fuerzas internas e internas que más impactan en la situación que nos preocupa. Cabe plantearse dos cuestiones: ¿Cuáles de ellas están dentro de mi influencia y cuáles no?

Ambigüedad:

Se produce si existe una falta de información [VIDEO] entre conexiones y causas. Conlleva una dificultad para interpretar los acontecimientos y su impacto sobre nuestra actividad.

Un equipo de alto rendimiento se caracteriza por compartir un propósito y unos objetivos, con un compromiso con los acuerdos del grupo, son capaces de aplicar unas habilidades con roles interdependientes para obtener unos resultados extraordinarios.

Así se producirán en sus miembros una confianza para salir de la zona de comodidad y afrontar nuevos retos. También se sentirán integrados y con sensación de pertenencia al grupo. Se compartirán los valores, metas y dirección a seguir. Se crearán sinergias y se pondrá en valor la diversidad.

Un buen líder gobernará de forma magistral los vientos y mareas para conseguir los mejores resultados, ya que crece en la adversidad.

En definitiva, se ha de tener muy claro qué se hace, cómo y para qué, porque así se tendrá la habilidad de ir contracorriente y se resistirán mejor las dificultades.