Visibilidad y existencia

Jean-Paul Sartre, parodiando a Descartes, pronunció la sentencia “me ven, luego soy”. Esta afirmación sartreana nos permite reflexionar sobre la importancia de la visibilidad en el mundo digital en el que vivimos. En la red nuestra visibilidad marca nuestra existencia; somos en tanto que somos vistos. Esta conexión intrínseca entre ver y existir nos crea la necesidad de estar siempre conectados [VIDEO], esto es, estar siempre visibles.

Las nuevas tecnologías participan en la construcción de nuestra identidad. Habitamos un mundo plagado de pantallas que demandan continuamente nuestra atención. La subjetividad en la pantalla está asociada a la mirada de los otros, a la posibilidad permanente de que los otros nos vean.

El espectáculo de nuestras vidas

La sociedad digital rompe la distancia entre el espectáculo y la realidad; de tal modo que el público no se siente ya alejado o ajeno al espectáculo sino que se siente parte de él. Las redes sociales permiten que todos participemos del espectáculo; ahora el espectáculo son nuestras vidas. Además, nos hemos convertido en creadores de imágenes gracias a nuestras cámaras y móviles.

Aplicaciones como Periscope nos otorgan el poder de grabar en directo un vídeo mientras simultáneamente otros usuarios pueden escribir sus comentarios y participar así en el espectáculo. Por otro lado, el Smartphone puede fotografiar, grabar, editar y subir una foto a la red al instante. Por tanto, podemos compartir cada momento de nuestra vida, mostrar a cada instante cómo nos sentimos.

Esta posibilidad de compartir cada instante de nuestra existencia convierte nuestra vida en puro espectáculo.

La búsqueda continua de reconocimiento

La búsqueda del reconocimiento sustenta las relaciones en las redes. Para afirmarnos necesitamos ser visibles para los otros. Las redes nos impiden ser sin los demás: somos en relación con los otros y dependemos de lo que los otros piensan de nosotros. Por este motivo, es muy importante gestionar nuestra visibilidad. En este sentido, cada foto que subimos a una red social es fruto de una reflexión previa, esperamos de los demás una respuesta, que les guste, o lo que es lo mismo, que nos den un like.

El reconocimiento de los demás se obtiene de su aprobación de las fotos o selfies que subimos en las redes sociales. Ahora bien, en las redes social solo importa el momento, el ahora; y por ello necesitamos estar afirmándonos continuamente. Internet siempre está en constante actualización y nos exige gestionar sin descanso nuestra imagen virtual; cuantas más fotos, vídeos y datos de nuestra vida más reales seremos para los otros y más interesantes resultaremos.

El verdadero problema reside en que este espectáculo no conoce a veces límites: el afán narcisista por hacernos selfies a cada instante ha llevado a muchos jóvenes a morir por tomarse fotos en situaciones extremas y peligrosas.