En lo que respecta al tema de la influencia que el filósofo dejó, se reconoce, según académicos y estudiosos de su obra, que la característica central de su legado se centra más que en ser un filósofo y pensador influyente, termina siendo más bien un escritor con cualidades inigualables en ese oficio. Existe una fresca literatura filosófica en sus obras, algo que marcó una diferencia sutil y contundente en la bibliografía, precisamente filosófica.

Aunque parezca un dato reduccionista, no lo es, el hecho de afirmar que su prosa resulta ser de fácil lectura (estoy convencido de que no se malinterpretará lo acabado de decir), y no se limita, su contenido teórico, a un mero acto de interpretación o intento de explicación de su actividad filosófica.

Esto quiere decir, que es más proclive a desentrañar la riqueza del pensamiento del autor, que leer otros textos explicativos, como sucede con otros grandes pensadores.

Para poner en un contexto que nos permita una higiene mental, sobre lo dicho en el párrafo anterior, podremos decir que a Schopenhauer no sólo lo leyeron (y leen), filósofos (como es lo más natural cognoscitivamente hablando), como lo fue Hegel, Fitche y Schelling, también lo leían novelistas y poetas; además de músicos y pintores. Las artes se acercaban a la filosofía en sus reflexiones vertidas en sus obras.

No sólo sus contemporáneos lo leyeron, sino que también fue digno de admiración por personajes como Thomas Mann, Borges, Nietszche, Wittgrnstein, Ciorán, Zizek, Wagner, Struss, Freud y muchos más. Es aquí donde rescatamos la idea escrita en otra parte del texto, su obra se definió tanto en un sentido horizontal como vertical en su narrativa y desarrollo de las ideas.

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Se puede concluir que Arthur Schopenhauer fue un líder en la corriente de pensamiento dentro de la historia de la humanidad, no tanto por la cantidad de seguidores (forma ambigua de medir el éxito intelectual), sino por la riqueza y/o calidad en su literatura filosófica y en darle un respiro a la filosofía, al encontrar una praxis en su propio quehacer. Las teorías con sus supuestos van tomando una morfología que va más allá de una argumentación que satisfaga una tesis.