Al reflexionar sobre la “vida y obra” de Sócrates, encuentra de manera constante nuevos principios metodológicos en el devenir filosófico. De manera un tanto esquemática podemos argumentar el siguiente ejemplo: cuando se perfilaba uno como filósofo a encontrar respuestas, se encuentra en la disposición socrática la idea de que en realidad Sócrates proponía lo contrario.

Sócrates en realidad se propuso descubrir problemas en vez de intentar siquiera encontrar soluciones a los ya conocidos al menos ontológicamente.

Por ello se entiende que sus doctrinas hayan provocado innumerables discusiones y disputas a lo largo de la historia del pensamiento y seguramente será así durante el resto de la existencia de la humanidad reflexiva.

Sucede que además de ello, Sócrates se dispuso a “esculpir” conceptos y definiciones en esa nueva realidad cognoscitiva que intentaba precisamente abrir nuevas posibilidades fenomenológicas para plantear una nueva problemática. Con ello y a partir de esa metodología del logos es que se gesta un intelectualismo moral que es la gran enseñanza de Sócrates.

Esta noción de devenir filosófico en sus diversas personalidades quedó arraigada en sus discípulos que se adhirieron a su causa, entre ellos tenemos a: Platón, Jenofonte, Antístenes, Aristipo, Euclides de Megara, por mencionar a algunos. El que en la doctrina occidental más impacto ha generado sin duda es Platón; al menos en el rigor académico.

Para Sócrates y la escuela que desarrolló sin muchas pretensiones de poder, la filosofía era un mero acto de filosofar, vaciada en una auténtica misión divina, por ello se entiende entre diversos comportamientos y actitudes que, por ejemplo, en vez de huir a Chipre optó por tomarse la cicuta.

Esto y otras acciones le dieron un aura de mito.

En fin, lo que en este artículo pretendo es retomar la idea de que son indispensables asomarse a la filosofía griega para enfrentar nuestra realidad como una posibilidad de reacomodo de nuestros supuestos filosóficos y una aparente desintoxicación argumentativa del acto del filosofar.

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